Lalín, conoce la ciudad que custodia el centro de Galicia

Lalín es una de esas ciudades gallegas que, incluso para los que también somos gallegos, muchas veces obviamos. Si, supongo que le falta una Catedral majestuosa, playas o algún acceso al mar, que es lo que siempre buscamos, pero ¿Que hay de las opciones que ofrece el interior? Turismo rural, tranquilidad, gastronomía variada y buen trato son algunos de los reclamos que podemos encontrar. ¿Y que más? ¡Veamoslo!

Debo reconocer que la ciudad de Lalín nunca había captado mi atención hasta ahora. Para muchos de los que correteamos de aquí para allá por Galicia adelante, Lalín es un sitio por el que hemos pasado repetidas veces pero posiblemente nunca nos hayamos parado en ella. Yo, desde luego,era la primera vez que lo hacía, al menos con la intención de conocerla un poco en profundidad y dejarme convencer.

Y este ayuntamiento, ¿de donde ha salido?

Posiblemente, lo primero que llama la atención en Lalín es su ayuntamiento. No porque sea un edificio histórico en una plaza céntrica, como suele ser habitual, sino por todo lo contrario. En un espacio abierto, cerca del centro de la ciudad pero no en medio de ella, se alza un enorme edificio acristalado de formas circulares. Toma estas formas basándose en los castros celtas, puesto que es en Lalín donde está la mayor concentración de éstos, aunque la mayoría sin excavar aún.

Sorprende el edificio por lo novedoso pero también por su interior, ya que los espacios abiertos, las escaleras caracoleando y los muros que continúan con las formas circulares no dejan indiferente. Tampoco lo hacen los cerditos de colorines del hall de entrada. Imposible no pararse a hacer un poco el tonto y alguna que otra foto con ellos. :P

Ayuntamiento de Lalín

Ayuntamiento de Lalín

Cerdito de colorines. Oink, oink!

Cerdito de colorines. Oink, oink!

Salón de plenos del Ayuntamiento

Salón de plenos del Ayuntamiento

El centro del centro: paseando por Lalín

El centro de la ciudad ya nos deja un esquema más convencional. Jardines, plazas, bares con sus terrazas, mercados, iglesias… Todos los ingredientes habituales. Otra estatua de un cerdo nos vuelve a recordar que él nombre de Lalín ha estado siempre vinculado al cocido. Pero es precisamente por esta etiqueta por la que hay que dejar a un lado la idea de que comer un cocido bien preparado es lo único que se puede hacer aquí. Al fin y al cabo, habrá que llenar esas horas que transcurren entre la comida y la cena, ¿verdad?

Iglesia de Nosa Señora das Dores

Iglesia de Nosa Señora das Dores

Pasos de peatones que dan la nota

Pasos de peatones que dan la nota

Encrucijada de caminos

Encrucijada de caminos

Pues para ello, opciones como la de pasear por las calles del centro, en torno a la Iglesia de Nosa Señora das Dores, son de lo más interesante. Por las mañanas, es posible disfrutar del mercado que se monta, cortando alguna de estas calles y permitiendo pasear por sus puestos.

Otra opción es acercarse y husmear un poco por el propio Mercado de Lalín. Fruta, verdura, carne y pescado es lo que se ofrece, como no podía ser de otra manera. El mercado es básico, funcional y sin ningún glamour. pero ya empieza a asomarse alguna tienda especializada en su interior intentando darle un cambio, por lo que, tal vez con el tiempo, este espacio acabe deparando alguna que otra sorpresa…

Mercado de Lalín

Mercado de Lalín

Mercado de Lalín

Mercado de Lalín

Embutidos, embutidos everywhere...

Embutidos, embutidos everywhere…

Lalín, ¿kilómetro 0 de Galicia?

Por supuesto, la placa que indica que Lalín está en el centro de Galicia no podía faltar sobre el empedrado del centro de la propia ciudad. De hecho, fue el conocido como O matemático, un prestigioso vecino experto en matemáticas (obviamente) y cartografía, el que fijó muy cerca de aquí, en Bermés, el centro geográfico de Galicia. Fue a principios del siglo XIX, mientras estaba realizando un trabajo de cartografía de precisión de España, por encargo de la junta central.

El problema con todas estas cosas es siempre el mismo: las mediciones mejoran, se consigue mayor precisión y se acaba descubriendo que el verdadero centro geográfico de Galicia realmente está en territorio lucense. Y aún así, sobre esto, podríamos discutir bajo que sistema de medición, pero no nos metamos en ese jardín…

Y ahora ¿que hacemos? Pues a intentar dilucidar quien tiene razón. Y, porque no, si tenemos en cuenta que Lalín es, en la práctica, el centro neurálgico y logístico de Galicia, puede que no sea el centro geográfico pero desde luego el kilómetro 0 del que parten todas las comunicaciones si que es un título que acabe haciendo más justicia a su ubicación.

Kilómetro 0 de Galicia

Kilómetro 0 de Galicia

Kilómetro 0 en el mercado de Lalín

Kilómetro 0 en el mercado de Lalín

Paso del Camino de Santiago

Paso del Camino de Santiago

Una ronda rápida de hijos predilectos de Lalín

Toda ciudad o villa que se precie sabe poner en valor a sus hijos predilectos. Aquellos que llevaron por el mundo adelante el nombre de su localidad natal o en la que residieron durante años y acabaron considerando su hogar y punto de referencia son, sin lugar a dudas, los mejores embajadores.

En el caso de Lalín, habría que acordarse primero de Ramón María Aller. Un verdadero crack de la ciencia y, sobre todo, de la astronomía. El siglo XX empezaba con Ramón licenciándose en Ciencias Exactas para, unos años después, acabar montando en una galería de su casa el ahora considerado primer observatorio astronómico de Galicia. Fue juntando lentes, anteojos y teodolitos varios hasta componer un telescopio con el que realizar observaciones que llegaron a ser registradas por el propio observatorio de Madrid y llegando incluso a aparecer en revistas especializadas de la época.

Por si esto no fuera suficiente, en 1925 consiguió más y mejor material y acabó construyendo una cúpula en su casa para mejorar la calidad de observación del firmamento. Tanto avanzó que acabó creando escuela en la Universidad de Santiago y firmando trabajos en medios extranjeros. Su observatorio acaba trasladándose a Santiago así como su lugar de trabajo. Allí llegó a descubrir cuatro nuevas estrellas e inventar todo tipo de sistemas de medición y exploración que incluso el observatorio de París acabó adoptando.

Ahora, Lalín le rinde homenaje con el pequeño observatorio que el museo, que lleva el nombre de Ramón, pone a disposición de las visitas interesadas. No solo eso, si no que la iluminación de las calles colindantes al museo está preparada para apagarse con facilidad para no estorbar la observación.

Un buen homenaje para un precursor de la astronomía, aunque no el único. El observatorio de la Universidad de Santiago lleva también su nombre e incluso la Luna tiene un cráter llamado Aller en su honor.

Reconstrucción del despacho de Ramón Mª Aller

Reconstrucción del despacho de Ramón Mª Aller

Observatorio astronómico Ramón María Aller

Observatorio astronómico Ramón María Aller

Joaquín Loriga es otro de esos adalides de la ciudad. Un verdadero fuera de serie de los deportes de riesgo de la época. Ríete tu de las experiencias Red Bull y otras variantes actuales y atrevete a subirte al primer “chisme” volador creado en España de la mano de Juan de la Cierva. Pues Joaquín lo hizo. No solo eso, si no que consiguió llevar el autogiro desde Madrid hasta Getafe sin despeinarse.

Pero por lo que un veterano de guerra como él acabaría pasando a la posteridad y siendo recordado sería por la hazaña de volar desde Madrid hasta la antigua colonia de Manila en una difícil travesía de 17 etapas, en 1926.

El, dos compañeros pilotos más y tres mecánicos, se embarcaron en una aventura no exenta de problemas. Un total de 33 días de travesía que solo Joaquín y Gallarza consiguieron finalizar.

Primero Esteve sufriría una avería que lo dejaría varado en Túnez. Con solo dos aviones en vuelo, fue en una de las últimas escalas, en Macao, cuando el avión de Loriga es el que acabaría aterrizando de emergencia y teniendo que dejar atrás el aparato.

Loriga se sube al avión restante, pilotado por Gallarza y ambos consiguen finalizar la travesía siendo recibidos como héroes e incluso viéndose escoltados por aviones estadounidenses a su llegada a Manila.

Lalín no dejó escapar la ocasión y le pidió a su héroe de los cielos que volase hasta aquí. Ni corto ni perezoso así lo hizo. Aterrizó el avión en el monte Do Toxo, siendo el primero que lo hacía en tierras gallegas.

A su muerte, en un accidente de vuelo, sus paisanos no dudaron en erigir un monumento en el centro de la ciudad como homenaje.

Monumento al aviador Loriga

Monumento al aviador Loriga

Laxeiro es otro de los hijos de Lalín. Pintor prolífico como pocos, gran parte de su obra se desarrolló en Buenos Aires, con un estilo renovador que lo diferenció de otros pintores de la época.

Ahora, es recordado en su ciudad por las 37 obras que el museo Ramón Aller atesora en su interior, gracias a donaciones del propio pintor.

Museo Ramón María Aller

Museo Ramón María Aller

2.0 de calidad en el museo Ramón María Aller

2.0 de calidad en el museo Ramón María Aller

Museo Ramón María Aller

Museo Ramón María Aller

Un paseo a orillas del Pontiñas para bajar el cocido

El paseo a orillas del río Pontiñas es otra de las pequeñas sorpresas de Lalín. Toda una senda acondicionada, tanto para peatones como para bicicletas, transcurre paralela al río que pasa por la ciudad y continua varios kilómetros más.

A lo largo del recorrido, muchos son los puentes que salvan el rio de un lado a otro y varios también los molinos que se pueden llegar a contemplar, entre carballeiras y prados.

Por su cercanía al centro y por el amplio recorrido y paisajes, era el plan perfecto para ayudar a bajar el cocido. ¡Porque ya me olvidaba! Además de todo lo que te he contado, en Lalín se puede comer también un buen cocido ;)

Senda fluvial del río Pontiñas

Senda fluvial del río Pontiñas

Senda fluvial del río Pontiñas

Senda fluvial del río Pontiñas

Ayuntamiento de Lalín al anochecer

Ayuntamiento de Lalín al anochecer

Exaltación del cocido lalinense

Exaltación del cocido lalinense

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