Una mágica noche de San Juan en Oporto

La noche de San Juan en Oporto (o São João do Porto) es una completa desconocida (aunque cada vez menos) para muchos de los no portugueses que, aun viviendo o estando de vacaciones a poca distancia de esta ciudad, dejamos que año tras año se nos pase la oportunidad de disfrutarla. En cambio, para la gran mayoría de los portugueses, este es un evento que intentarán no perderse bajo ningún concepto… Esto no podía seguir así, sobre todo después de la desilusión que en el pasado nos había causado Oporto por lo que, acabó llegando el momento de redimirse…

La tarde se iba desvaneciendo, dejando sus últimas luces sobre el cielo y los edificios a orillas del Duero, en la siempre bucólica ciudad de Oporto. El olor a sardina aparecía cuando menos te lo esperabas. Detrás de un callejón o en alguna de las plazas y terrazas por las que íbamos pasando en nuestro camino hacía el centro de la ciudad. Eran las horas previas a la noche de San Juan en Oporto y, lejos de ser una excusa más para hacer hogueras en playas, como ocurre en la costa española, aquí se vive de una manera completamente diferente. Y por diferente también quiero decir intensamente. Muy intensamente…

Sardinhas y muchas, muchísimas fiestas

No nos había quedado más remedio que aparcar a una media hora a pie del centro, justo debajo del puente de la Arrábida. A las horas a las que habíamos llegado, conseguir un sitio aceptablemente cerca era poco menos que una utopía. Una de las pegas de llevar coche y no llegar con cierto margen de tiempo fue el de encontrarnos con unas retenciones de campeonato en las entradas a la ciudad desde la autopista. Armados de paciencia y después de menos tiempo del que nos esperábamos al principio, conseguíamos entrar y hacer un primer reconocimiento de la zona.

Coches, coches y más coches aparcados a ambas orillas del río nos acabaron dejando como única opción la zona del puente. No nos quedó otra opción que resignarnos y optar por limitarnos a disfrutar del paseo e ir entrando en ambiente para imbuirnos del ambiente festivo.

En nuestro trayecto aún no habíamos alcanzado ni de lejos el centro y no hacíamos más que encontrarnos pequeñas fiestas en los bares y restaurantes que íbamos encontrándonos de camino. Algunas más privadas que otras pero todas con el denominador común del olor a sardinas, vino y cerveza en la mano y mesas corridas llenas de grupos de familias o amigos charlando y disfrutando.

Durante el paseo también íbamos pasando por alguna de las zonas en las que se ultimaban los preparativos de las celebraciones que cada freguesía (parroquia) de la ciudad organizaba por su propia cuenta. Eran pequeñas fiestas de pueblo en cada barrio, con su propio escenario y orquesta, puestos callejeros de comida y bebida y mucha gente buscando un sitio en el que acomodarse antes de que la música en directo comenzara a sonar.

Hasta siete diferentes celebraciones llegué a contar en el programa de fiestas, independientes a las principales que tienen lugar en el centro de Oporto. Y es que las fiestas de celebración de la noche de San Juan en Oporto ya habían comenzado hace ¡más de un mes!

La noche del 23 de junio y el día siguiente (festivo en la ciudad) eran simplemente los días grandes de estas fiestas y la mitad norte del país luso se volcaban en ella. No en vano es posiblemente una de las celebraciones más importantes no solo del país sino incluso de Europa. Y aun así seguía siendo una de las más desconocidas por nosotros, los vecinos de al lado.

Crónica de una muerte anunciada...

Sardinhas en la noche de San Juan de Oporto

En pleno proceso de elaboración de sardinhas a orillas del Duero, en Cais das Pedras

En pleno proceso de elaboración de sardinhas a orillas del Duero, en Cais das Pedras

¡Hora de cenar!

¡Hora de cenar!

Made tampoco quiso perderse unas buenas sardinhas...

Made tampoco quiso perderse unas buenas sardinhas…

El símbolo de la noche: el martelinho

A medida que nos acercábamos ya a la zona de la alfândega do Porto, tomábamos contacto con una de las más populares tradiciones de estas fiestas: los martelinhos. Todo aquel con el que nos cruzábamos y que iba armado con uno de estos utensilios de plástico en la mano, no dudaba en golpearnos con el en la cabeza. En la mayoría de los casos lo hacían con mucha suavidad. Pero la mayoría no es todo…

Visto lo visto, tardamos muy poco en hacernos nosotros también con sendos martelinhos en uno de los muchos puestos callejeros que nos los iban ofreciendo a lo largo del camino. Así tendríamos al menos la opción de defendernos…

A lo mejor ni te lo planteas, pero nosotros acabamos preguntándonoslo. ¿porqué los martelinhos de plástico acabaron siendo parte de la tradición de esta fiesta? Pues la historia tiene cierta guasa, la verdad. Resulta que a Manuel Boaventura, un empresario de la ciudad, se le ocurrió crear este martillo de plástico, que hacía ruido al golpear con sus fuelles. La idea era simplemente venderlo como un juguete para los niños, en 1963.

El juguete fue la sensación de las celebraciones universitarias en la ciudad que tienen lugar a finales de curso, mes y medio antes de São João. Tal fue el éxito que los comerciantes decidieron venderlos también en las fiestas y así perduró durante los años siguientes, gracias al éxito de ventas.

El ayuntamiento intentó retirarlos ya que no los consideraba parte de la tradición de las fiestas, pero acababa de nacer una nueva costumbre que ya todos habían adoptado como suya. Saludar a todo el mundo dando un golpecito suave en la cabeza con el martillo es ya un ritual más.

¡Vuela, vuela, pequeño globo de papel!

¡Vuela, vuela, pequeño globo de papel!

Y otro intento de vuelo de globo sin motor

Y otro intento de vuelo de globo sin motor

Mecanismo simple, resultado espectacular

Mecanismo simple, resultado espectacular

Centro de Oporto: buena comida bajo los balões de ar quente

Y de golpe en golpe de martelinho, conseguimos plantarnos al fin en el centro de Oporto, muy cerca de la zona de la Ribeira. Con el edificio de la Bolsa como telón de fondo y con las calles y plazas invadidas por centenares de personas, la siguiente parada obligatoria era en la caseta con mejor pinta y precio que tuviéramos a mano. Que el hambre ya empezaba a apretar.

Las cervezas y sangrías iban combinando perfectamente con las bifanas no pão, caldos verdes y sardinhas que nos íbamos comiendo de puesto en puesto. Mientras, íbamos continuando nuestro camino hacia la orilla del río, para conseguir un sitio decente desde el que ver los fuegos artificiales.

El cielo, mientras tanto, ya se había oscurecido y comenzaban a adivinarse los primeros puntos blancos sobre el. ¿Estrellas? Pues no, eran ¡balões de ar quente! Otra de las tradiciones de estas fiestas es la de lanzar globos de papel que aprovechan el calor que una pastilla de parafina que arde en la parte baja va desprendiendo. ¿Porqué?

Pues resulta que, aunque ahora la fiesta se celebra en honor al nacimiento de San Juan Bautista, como la mayoría de las celebraciones cristianas, el verdadero origen de ésta está en orígenes paganos previos que posteriormente fueron convenientemente “adaptados”.

El 23 de Junio es el solsticio de verano. Y en una cultura agrícola como la de nuestros antepasados, se aprovechaba para celebrar la abundancia de las cosechas y se ponía en valor la fertilidad rindiendo culto al Sol y a fuego como elemento purificador. El lanzamiento de globos de papel y los fuegos artificiales son una evolución lógica de ese culto al fuego.

También se hacen hogueras, aunque éstas quedan relegadas a algunos barrios de la ciudad y a la zona de playas en torno a Matosinhos y la Foz. La costumbre de lanzar los globos de papel había comenzado a perderse hace unos años pero diversas iniciativas han conseguido involucrar a toda la ciudad y recuperarla. Consiguen así llenar el cielo de cientos de ellos, siendo un espectáculo constante durante toda la noche.

El Infante Dom Henrique, atónito ante el vuelo de tantos globos

El Infante Dom Henrique, atónito ante el vuelo de tantos globos

Y el cielo sigue llenándose de globos

Y el cielo sigue llenándose de globos

Fuegos artificiales en la Ribeira

Y entonces, llegaron las 12 de la noche y el Puente de Luis I se apagó. También lo hicieron todas las farolas y demás iluminación de la Ribeira.

La música comenzó a sonar y, como si de un concierto se tratase, todos cantábamos las letras de canciones más que conocidas por todo el mundo. Los fuegos artificiales iban surcando el cielo, lanzados tanto desde el propio puente como desde las aguas del río. Era una impresionante coreografía de colores perfectamente acompasada con la música.

Cerca de 20 minutos de espectáculo visual y sonoro que no hacían más que marcar el inicio de la fiesta, ahora nocturna.

El paseo da Ribeira, lleno hasta la bandera antes de los fuegos artificiales

El paseo da Ribeira, lleno hasta la bandera antes de los fuegos artificiales

Y en la otra orilla, Vila Nova de Gaia igual de atestada de gente a la espera

Y en la otra orilla, Vila Nova de Gaia igual de atestada de gente a la espera

Se acerca el momento de los fuegos y la gente se impacienta

Se acerca el momento de los fuegos y la gente se impacienta

¡Comienzan los fuegos artificiales en el puente!

¡Comienzan los fuegos artificiales en el puente!

Salir del paseo de la Ribeira fue prácticamente la misma experiencia que entrar en la ciudad, solo que a pie. Una masa de gente intentando marcharse por los escasas y estrechas calles de salida que nos tenían que devolver al ambiente festivo del centro.

Una vez más, paciencia y un poco de astucia para escaquearnos por callejones menos transitados. Suponían un rodeo pero nos permitirían disfrutar de un aire menos viciado y comenzar a respirar algo de oxigeno otra vez…

Recién finalizados los fuegos, comienza el éxodo masivo

Recién finalizados los fuegos, comienza el éxodo masivo

¿Quien de los tres se va más satisfecho? ¡Guau!

¿Quien de los tres se va más satisfecho? ¡Guau!

La gente sigue inundando las calles entre la Ribeira y el centro de la ciudad

La gente sigue inundando las calles entre la Ribeira y el centro de la ciudad

¡Y que la noche no se acabe nunca!

Y ahora, ¡a perderse un poco por las calles de Oporto! Iniciamos el camino de subida hacia la Avenida dos Aliados, donde estaban teniendo lugar los conciertos importantes de la ciudad.  Allí queríamos ir a tomarle el pulso al ambiente en pleno corazón, pero acabamos descubriendo que la verdadera fiesta estaba precisamente en todas y cada una de las calles y callejones a lo largo y ancho del camino hacía allí. Cada local montaba su propia barra de bar en la calle y pinchaba su propia música.

Era habitual, por tanto, que a cada paso que dabas, te llegara un estilo de música completamente distinto al anterior, proveniente de una calle o plazuela distinta. Música dance, tradicional portuguesa, pop o rock e incluso perlas latinas de los 80 que, ingenuo de mi, pensaba que ya habían pasado a mejor vida… También en este lento trayecto nos encontrábamos a algunos pequeños grupo de gente que, en lugar de portar martelinhos, llevaban unas flores enormes con un largo y grueso tallo. ¿Otra tradición? ¡Por supuesto!

¿Que es eso del alho porro?

El “alho porro” era la flor del ajo y, aunque esta costumbre se estaba dejando devorar por la de los martelos año a año, aun había quien se animaba a salir a la calle con ella. Antiguamente, era utilizada para establecer contacto con las chicas e iniciar así conversación, después de ponérsela debajo de la nariz para dársela a oler. Ahora bien, resulta que tradicionalmente también servía para alejar el mal de ojo y ensalzar la fertilidad, algo a lo que su forma fálica ayudaba. Por ello seguramente sea aquí donde se pierda el romanticismo de esta costumbre… 😛

¡Ah! Que no se me olvide. Otra costumbre de estas fiestas es la del manjerico. Esta planta, parienta de la albahaca, forma parte también del ritual de cortejo de estas fiestas estivales. El chico debe regalarle una a su enamorada con una banderita en lo alto con una frase representativa o irónica, (dependiendo de las intenciones…). Si te encuentras (o te regalan) alguna, que sepas que para olerla deberás pasar primero la mano sobre sus hojas. Ni se te ocurra nunca olerla directamente o la muerte se cernirá sobre ella, muriendo a los pocos días (aunque, al parecer, hagas lo que hagas, morirá igual, ya que solo florece una vez…).

No se cuantas horas tardamos en llegar hasta la Estación de Sao Bento y de allí a Aliados, pero fueron unas cuantas, parándonos en cada pequeña fiesta del callejón y tomándonos una ronda más cada vez. Para cuando llegamos al escenario principal, todo estaba abarrotado hasta arriba. Los conciertos estaban en su punto álgido e intentar meter, aunque solo fuera un poco, la cabeza en esa masa sudorosa de gente musicalmente enajenada, era un acto de suicidio en toda regla.

Así que, ¿por que no? Nos volvimos a recorrer los bares y fiestas a pie de calle iniciando ya el último recorrido antes de poner fin a las celebraciones por nuestra parte… ¡Martelihnos arriba y que la fiesta no pare!

¡Y la fiesta continua en todos los bares y casas de toda la ciudad!

¡Y la fiesta continua en todos los bares y casas de toda la ciudad!

Y la cosa en la zona de la estación de Sao Bento no está mucho más tranquila...

Y la cosa en la zona de la estación de Sao Bento no está mucho más tranquila…

¡Una calle, una fiesta diferente! Así claro que se aguanta lo que haga falta...

¡Una calle, una fiesta diferente! Así claro que se aguanta lo que haga falta…

No hay bar que no tenga su propio grupo de fans...

No hay bar que no tenga su propio grupo de fans…

Y las fiestas de freguesías también se mantienen a tope toda la noche...

Y las fiestas de freguesías también se mantienen a tope toda la noche…

Grupos que aún aguantan aún cuando algunos locales comienzan a cerrar (y a ver quien limpia esto mañana...)

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