Portugalete, Getxo y el curioso puente colgante que las une

Entre Getxo y Portugalete, sobre el Nervión, se encuentra el puente colgante más antiguo de su categoría que continua en funcionamiento. La barcaza de madera que en pasado se suspendía en el aire sujeta por cables es ahora más grande, más robusta y de metal. Eso, quieras que no, le da más empaque y seguridad para completar airosos el breve viaje sobrevolando el Nervión, tan ancho y caudaloso él a su paso por esta zona en su desemboque en el Cantábrico.

¿Quieres saber más? ¡Pues no te lo pienses y continua leyendo!

Cuando entre las muchas recomendaciones de lugares que visitar en el entorno de Bilbao nos encontramos con un puente colgante catalogado como Monumento de la Humanidad, no acabábamos de entender que podía tener de especial para merecer ese reconocimiento. Claro, aún no lo habíamos visto ni en fotos y lo que el concepto de puente colgante evocaba en nuestras cabezas era algo distinto, más convencional y sin mucho margen de sorpresa.

El caso es que cuando por fin llegamos a Portugalete y recorrimos un tramo del paseo que transcurre paralelo al río Nervión, lo que ahora se nos presentaba era una estructura metálica al más puro estilo Eiffel, con esas entramadas redes de hierro que tanto le gustaba levantar.

Vale, parece original, pero tampoco es para tanto, ¿no?

Fue entonces cuando avanzamos un poco más, cuando nos percatamos del movimiento de algo suspendido en el aire bajo la estructura. ¿Un pájaro? ¿Un avión? Pues no. ¿Un dron? A día de hoy tampoco me sorprendería, pero no. De lejos aún parecía pequeña pero al verla de cerca, comprobamos que lo que se mantenía suspendido gracias a unos cables era una barca que se desplazaba lentamente de un lado a otro del río.

Río Nervión y orilla de Portugalete

Río Nervión

Getxo en la otra orilla

Desembocadura del río Nervión

Historias de un puente centenario

Pues ahí lo estaba todo él, aseado, reluciente y en plena forma. Su estructura metálica lucía impoluta con ese rojo tan llamativo y tan bien cuidado por los operarios. Además, no se le escuchaba soltar ningún chirrido desafinado a ese juego de poleas que se encargaba de realizar el constante movimiento de izquierda a derecha (para luego repetirlo en sentido contrario), llevando la barca de transporte de lado a lado.

Uno de los mayores problemas de la vida diaria de una ciudad portuaria en la desembocadura de un río o bahía solía ser el de compaginar el transporte y comunicación entre las dos orillas con el transporte marítimo. Si para que los ciudadanos pudieran ir de un lado a otro a su aire necesitaban puentes que facilitaran esta labor, estos mismos se transformaban en un estorbo para los barcos de gran tamaño o con altos mástiles que necesitaban salir a la mar y a los que esa estructura le impedía el paso.

Seguro que lo primero en lo que estás pensando como solución al problema es uno de esos puentes que se dividen en dos partes que se elevan y que, bloqueando el tránsito durante un breve periodo de tiempo, permiten que el navío de turno pueda efectuar su salida. Y esa es, de hecho, una de las soluciones más recurrentes hoy día (al menos según muchas pelis de Hollywood), pero hace más de 100 años, aquí, en Portugalete, a un grupo de empresarios de la zona se les vino a la mente otra idea, con la ayuda de ingenieros con buenas ocurrencias. De entre todos los implicados, los hermanos De Palacio y Ferdinand Arnodin son los más conocidos.

Para que los barcos pudieran continuar circulando sin verse interrumpidos, el puente debía ser lo bastante alto, pero era imposible conseguir llevar una carreta o carruaje hasta la altura necesaria para que cruzara, por lo que la mejor idea, después de infinidad de proyectos descartados, fue colgar de una serie de cables enganchados a un sistema de poleas que trasladara una plataforma de lado a lado, realizando los viajes que fueran necesarios, según la demanda de los usuarios.

Las, por aquel siglo, modernas máquinas de vapor serían las encargadas de transmitir la fuerza necesaria para conseguirlo. Bastaba con cesar el transporte cada vez que algún barco lo necesitara y listo. A continuar con el trasiego de peatones, carros o caballos. La barca original proporcionaba confort a los pasajeros de 1º categoría mientras que los de 2º tenían que conformarse con la agradable compañía de caballos, sus deposiciones y el resto de mercancías transportadas. Por suerte para nosotros ahora, eran otros tiempos.

Puente de Vizcaya

Puente de Vizcaya

Puente de Vizcaya

Los empresarios que se lanzaron a esta aventura tenían, como era lógico, unos intereses comerciales, ya que buscaban comunicar los dos balnearios que había a ambas orillas y facilitar así también las cosas a los turistas de la época. Para ello, fueron ingenieros franceses los que se pusieron manos a la obra.

1893 fue el año de su viaje inicial y desde aquella la barqueta pocas veces ceso de cruzar el Nervión de orilla a orilla. Era el primero de su tipo en la historia y por ello sirvió de ejemplo para la construcción de muchos otros a lo largo y ancho del mundo. Este autentico símbolo heredero de la Revolución Industrial conseguía superar todas las dificultades planteadas a un coste aceptable, por lo que la ingeniería conseguía triunfar.

Y decía antes que el puente casi no había cesado su actividad a lo largo de su historia. Pero un casi no es un nunca, y es que con la Guerra Civil habíamos topado. Bilbao había sido bombardeada durante el 36 y el puente se vio alcanzado aunque no afectado de manera crítica. El problema realmente fue otro. Como suele pasar en todos estos saraos bélicos, los puentes toman un papel crucial de cara a alcanzar la victoria y arrebatarle el control de uno al enemigo o cortarle el paso derrumbándolo es probablemente una de las maniobras de batalla que son de manual.

Por ello, los republicanos, viendo inminente el avance de las tropas de Franco, derriban el puente. Fueron necesarios en total cuatro años para llevar a cabo la reconstrucción y reiniciar su funcionamiento. Esta fue la única mácula en el historial de constante funcionamiento del Puente de Vizcaya.

Puente de Vizcaya

Puente de Vizcaya

Transbordador sobre el río Nervión

El puente de Vizcaya hoy

En la actualidad, el puente sigue cumpliendo su cometido, aunque ahora con motores eléctricos, barca de transporte más moderna y permitiendo alcanzar lo alto de ambas torres mediante un ascensor en cada una de ellas. De hecho, no solo se puede acceder a la parte alta y disfrutar de las vistas de sendos miradores, si no que además puede cruzarse el puente sobre su parte superior.

Por si fuera poco, se realizan incluso saltos de puenting, para los más atrevidos que se animan a dar un paso al frente y precipitarse al vacío para experimentar la sensación de ver las aguas del Nervión acercarse a la cara de uno a toda velocidad antes del tirón final de la cuerda elástica que evita el presumible aplastamiento.

Respecto a la barcaza, dispone de dos zonas cubiertas a ambos lados para los peatones y una plataforma central para coches y motos permite salvar la distancia entre las zonas de Portugalete y Getxo en pocos minutos, pudiendo hacerlo incluso en coche, de una manera cómoda y bastante económica: solo 0,40€ por persona o 1,55€ adicional si te llevabas también el coche a cuestas (las tarifas nocturnas si que ya son otro cantar, pero es que la nocturnidad hay que pagarla). Está por tanto garantizado el servicio 24 horas durante todo el año, lo que seguro que es de agradecer en época de fiestas para los vecinos de la orilla contraria…

En otros lugares del mundo todavía se conservan algunos de los puentes, hijos del de Vizcaya. Llegaron a ser una veintena en sus mejores épocas, a principios de siglo XX, cuando la euforia inicial hizo que brotaran como setas. Pero la moda así como vino, se fue. De todos ellos, hoy día solo ocho continúan en pie. De este selecto grupo, seis son los que continúan en funcionamiento. Unos, al igual que el de Vizcaya con uso habitual para los ciudadanos y visitantes y otros con fines turísticos simplemente.

Transbordador sobre el río Nervión

Dentro del transbordador

El puente es la excusa perfecta además, para pasear por las calles de ambas zonas, Portugalete y Getxo, tomarse algo y contemplar una buena puesta de sol, antes de reemprender el camino de vuelta al campamento base. Y así como llegamos, nos fuimos, que todavía teníamos por delante muchas otras paradas que realizar…

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