Cementerio de los ingleses: leyendas e historias

El cementerio de los ingleses es probablemente uno de los lugares del litoral gallego más inquietantes que puedas visitar. Hoy hace exactamente 125 años que el HMS Serpent naufragó frente a las costas de Camariñas y, dado que hemos estado recientemente por esta zona, vamos a darnos un pequeño paseo por la historia de esta zona y de todas las historias y leyendas que la acompañan. Bienvenidos a la Costa da Morte

El nombre de Costa da Morte no tendría ningún sentido, más que el puro reclamo sensacionalista, si sus costas no estuvieran salpicadas a lo largo de la historia por la sangre de marineros que osaron plantarle cara a sus afiladas rocas y fuertes oleajes.

Los últimos siglos de fuertes temporales se han llevado la vida de centenares de personas en una de las zonas más convulsas, metereológicamente hablando, de toda la costa española. De hecho, es aquí donde se han registrado algunas de las mayores olas de todo el litoral español, por lo que es fácil imaginar que puede hacer un simple temporal con cualqueir barco desprevenido que se atreviera a pasar frente a esta costa.

Llegando al cementerio de los ingleses

Finalmente llegamos, después de recorrer un buen trecho de caminos y pistas de tierra en coche. Allí nos encontramos con una costa abrupta, llena de rocas sobre las que rompían olas bruscamente y donde la playa del Trece contrastaba entre toda esta bacanal de violencia oceánica.

El camino que seguíamos se ancheaba invitando a dejar el coche y caminar por una pasarela de madera que permitía adentrarse un poco más en el corazón de las rocas y visitar el conocido como Cementerio de los Ingleses.

En una zona verde, probablemente de las pocas que sobreviven a esta agresiva climatología, se encontraba un cerco de muros de piedra rodeando y marcando la zona donde se encuentran enterrados los restos de los marineros que perdieron la vida en el naufragio del Serpent.

En el centro de este recinto, un muro acotando una zona aún más pequeña diferenciaba la zona donde el capitán del barco y sus oficiales descansaban en un sueño eterno. Aunque aquí se recuerda este naufragio como hito simbólico, fueron en total 8 los barcos siniestrados de los que se tiene constancia y 245 las vidas que se sabe que la mar se llevó.

Cementerio de los ingleses: Ensenada y playa do Trece

Cementerio de los ingleses: Ensenada y playa do Trece

Cementerio de los ingleses: Ensenada y playa do Trece

Cementerio de los ingleses: Ensenada y playa do Trece

Grandes navíos que no superaron la Costa da Morte

El más popular de todos los naufragios fue el del HMS Serpent, ya que fue también en el que más vidas se perdieron. Este acorazado había partido dos días antes del puerto británico de Plymouth y se dirigía a Sierra Leona en una gran travesía que lo llevaría a pasar frente a las costas gallegas.

El mal tiempo y la insuficiente luz del faro de Cabo Vilán en aquel fatídico 1890 propició que el navío se acercara más de lo debido a costa.

Cualquier acción para intentar salvarse fue infructuosa ya que ni las barcas salvavidas ni los cabos que lanzaban podían aguantar las salvajes embestidas del mar. – ¡Sálvese quien pueda! –

Las rocas devoraron a todo aquel que se tiraba al mar intentando buscar una salida y solo tres de los 175 marineros salvaron la vida al tener la inmensa suerte de ser arrastrados a la playa de Trece, el arenal más cercano. Durante los siguientes días los vecinos se encargaron de recoger los cuerpos que devolvía el mar y darles sepultura justo al lado de las rocas, en la ensenada del Trece.

Pocos años antes ya había tenido lugar allí el naufragio del Iris Hull, en 1883. Otro barco ingles, que en esta ocasión se dirigía a la India pasando por Gibraltar, se dejaba la piel de sus 38 tripulantes al destrozarse el barco en un fuerte impacto contra Punta Boi. Solo uno de ellos salvó la vida.

Los cuerpos de los 37 muertos fueron enterrados también en la zona donde posteriormente se ubicarían las victimas del Serpent. Con tan solo dos grandes naufragios de navíos ingleses se quedaron más de 200 victimas sepultadas allí, en el ahora llamado Cementerio de los Ingleses.

Pero estos dos accidentes no fueron suficientes y un tercer barco británico acabó sumándose a la tragedia en 1893, justo 10 años después del primer accidente. Trinacria era el nombre del barco que cargaba mercancía y 37 eran los que viajaban en él.

Siete sobrevivieron, una vez más gracias a la cercana presencia de la Playa del Trece, pero el mar volvía a escupir cuerpos a tierra una vez más. Finalmente fueron los marineros ingleses los que después de sufrir tanta tragedia entre las filas de su Armada Real acabaron denominando a esta zona la Costa da Morte y los que presionaron al gobierno español para que mejoraran la seguridad en la zona. Por su parte, a partir de aquel momento, los barcos ingleses empezaban a equiparse con chalecos salvavidas.

Finalmente las autoridades competentes acabaron cediendo y mejorando las medidas de seguridad, acelerando la construcción del nuevo Faro de Cabo Vilán (el primero eléctrico en toda España) en el punto más alto de dicho cabo, inaugurándose por fin en 1896. Es el mismo que ahora se divisa a lo lejos, en una silueta recortada, atenuada por las nieblas y brumas y oscurecida por las nubes que parecen avecinar siempre temporal a pesar de que a pocos kilómetros tierra adentro el sol este luciendo con total normalidad.

Bajada al cementerio de los ingleses

Bajada al cementerio de los ingleses

Cementerio de los ingleses

Cementerio de los ingleses

Cementerio de los ingleses

Cementerio de los ingleses

Cementerio de los ingleses

Cementerio de los ingleses

Olas rompiendo contra las rocas

Olas rompiendo contra las rocas

Praieiros y raqueiros: piratas de tierra

Una de las historias que mas me ha llamado la atención escarbando un poco y leyendo sobre estos naufragios es la que se asocia con las leyendas de los raqueiros y praieiros. Se cuenta que estos piratas de tierra buscaban provocar naufragios para poder así hacerse con las mercancías que transportaban los barcos.

Los praieiros (playeros) esperaban las noches de fuertes tempestades y soltaban por los caminos de la zona vacas con candiles en sus cuernos para confundir a las embarcaciones que pasaban por la costa. Éstas pensaban que las luces se correspondían a otros barcos o a pueblos y se acercaban a ellas buscando refugiarse en sus bahías, acercándose irremisiblemente a las rocas.

Después de que se estrellara contra ellas, los saqueadores solo tenían que esperar a que la marea trajera los restos a la costa y pudieran llevarse todo aquello de valor que llegara directamente a sus manos.

Lo más cachondo de todo ésto, es que por si fuera poco, estas prácticas se movían en el umbral de la alegalidad, ya que los gobernantes de las tierras de la zona tenían derecho a un porcentaje del valor de la mercancía del barco naufragado. Derechos de naufragio le llamaban. Les bastaba por tanto con mirar hacia otro lado y limitarse a recoger los beneficios. Corruptelas inmorales de la época…

Los raqueiros seguían exactamente el mismo modus operandi, pero a diferencia de los praieiros, éstos se aseguraban de dar muerte a los posibles supervivientes para garantizar que no pudieran hablar y delatarlos.

Hay varias investigaciones que hablan de ello, pero os dejo ésta ya que resume bastante bien lo que os estoy contando.

Cientos de milladoiros resisten en pie las embestidas del mar

Al margen de las desgracias y calamidades a las que remite esta zona, uno de los espectáculos más curiosos es el de la presencia de cientos de milladoiros por las zonas rocosas al pie de la ensenada. Los milladoiros son montones de piedras que comúnmente se colocaban en cruces de caminos.

Cada caminante que pasaba, dejaba una piedra sobre el montón, en una costumbre al parecer de origen prerromano. De hecho, aquellos milladoiros que alcanzaron gran tamaño, parece ser que fueron “convertidos al cristianismo” al ser posteriormente coronados por una cruz.

Los que se encuentran allí, en plena costa escarpada y a pocos metros de donde rompe furioso el mar, son cientos de ellos, pequeños, pero extendiéndose por toda la zona. Son como pequeños testigos del movimiento constante y brusco de esta costa.

Ahora, dejamos atrás el cementerio de los ingleses para continuar por la pista de tierra y cubrir los aproximadamente 6 kilómetros que nos separan del faro de Cabo Vilán, pero esto es ya otra historia…

Milladoiros en el entorno del cementerio de los ingleses

Milladoiros en el entorno del cementerio de los ingleses

Milladoiros en el entorno del cementerio de los ingleses

Milladoiros en el entorno del cementerio de los ingleses

Milladoiros en el entorno del cementerio de los ingleses

Milladoiros en el entorno del cementerio de los ingleses

Made mimetizandose con los milladoiros

Made mimetizandose con los milladoiros

Este lugar es tan bello como inquietante, por lo que no pasa desapercibido ante todos los que se acercan por allí…

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