Viajes en el tiempo! Feira Franca de Pontevedra!

Era el de las 12 y media, por lo que teníamos que estar en la parada a tiempo ya que era el único que reunía las características necesarias para nuestro viaje de hoy. Eso era al menos lo que nos habían dicho… ¿Un autobús equipado con condensador de fluzo? ¿De verdad? A riesgo de pecar de ingenuos, asumimos el riesgo, nos vestimos como mejor pudimos para poder pasar desapercibidos como unos simples campesinos y nos lanzamos a comprobarlo…

Y allí estábamos, sentados en la parada de autobús, esperando. Entonces, una pareja salió de una casa cercana ataviada con ropajes similares a los nuestros y caminaron acercándose a nosotros y sentándose a nuestro lado. Nos miraron. Los miramos. Entonces ella nos dijo: – “Parece que vamos al mismo sitio, ¿no?” mientras guiñaba un ojo en busca de complicidad. Pues si, parecía que efectivamente estábamos en el lugar y momento adecuado y que no estaríamos solos en este pequeño viaje a través del tiempo a Pontevedra… Así es la magia de los agujeros de gusano, amigos!

Durante el trayecto no vimos que el autobús dejara ninguna estela de fuego a su paso o cualquier otro signo habitual de un posible viaje temporal, pero el caso es que cuando nos dejó en un discreto rincón de Pontevedra, comenzamos a ver a lo lejos a mucha otra gente caminando hacia el centro vistiendo ropas que no tenían pinta de ser muy contemporáneas… Todo parecía… distinto…

El centro de Pontevedra, dominado por los puestos de la feria

El centro de Pontevedra, dominado por los puestos de la feria

Un paseo por el mercado de la Feira Franca

Nos sumamos a la marea de gente y dejamos que nos guiaran hacia el centro de la villa, para contemplar el modo de vida siglos atrás. Las calles estaban completamente llenas de comerciantes y clientes curioseando en alguno de los cientos de puestos callejeros que conformaban el gran mercado, razón principal razón prinzipal que nos había llevado a todos allí.

Según nos contaba un cliente en un puesto de calabazas, estábamos en 1482 y, como todos los años desde 1467, estaban celebrando el gran mercado libre de impuestos que su excelentísima y ya difunta majestad Enrique IV había tenido a bien conceder a la prospera ciudad de Pontevedra para que, durante un mes, pudieran comprar y vender sin necesidad de rendir cuentas, económicamente hablando, al monarca.

Enrique IV había muerto pocos años después de dar inicio a la feira franca de Pontevedra. La guerra de sucesión por la corona castellana entre Juana la Beltraneja e Isabel de Castilla se había acabado solo hacía 3 años y ya estaban los Reyes Católicos reinando por la ancha Castilla. Por lo tanto habíamos llegado justo a tiempo, ya que estábamos en un periodo de reciente (y relativa) paz que se respiraba en este mercado y en cada calle de la villa.

Mercados medievales

Todo el mundo acaba comprando algo en algún puesto..

Doncellas vigiladas atentamente por el dragón

Doncellas vigiladas atentamente por el dragón

A ver quien es el primero que pesca algo!

A ver quien es el primero que pesca algo!

El tradicional y popular juego de lanzamiento de catapulta

El tradicional y popular juego de lanzamiento de catapulta

Pues nada, como parecía que nuestras ropas, a pesar de estar hecha de materiales sintéticos, parecían pasar desapercibidas, nos comenzamos a mezclar entre la gente y contemplar en detalle todo lo que iba sucediendo a nuestro alrededor. Ante nuestros ojos teníamos una forma de vida de final de la edad media, prácticamente entrando en un renacentismo que dejaba a Pontevedra en una privilegiada posición económica. Era la más importante villa de toda Galicia y el puerto marítimo más importante, lo que garantizaba un periodo de bonanza que se reflejaba en sus habitantes.

Esta feria no era más que un símbolo más de esa prosperidad, llenándose la Plaza de la Herrería de puestos de comida, ganado, herramienta o cestería. También los juegos infantiles tenían su lugar. Bien pescando en la fuente o simplemente practicando el tradicional lanzamiento con catapulta, buscando el conseguir algún premio a cambio de unas pocas blancas o algún maravedí que podía llegar a valer algún juego.

Loco yo? Andaaa, dejame saliiiir

Loco yo? Andaaa, dejame saliiiir

Que le cooorten la cabeza!

Que le cooorten la cabeza!

Un poco de magia oscura para comenzar el día!

Un poco de magia oscura para comenzar el día!

Cariño, ¿cuando llegará el resto? Tengo hambre...

Cariño, ¿cuando llegará el resto? Tengo hambre…

Momento en familia a punto de abrir el puchero para comer como si no hubiera un mañana

Momento en familia a punto de abrir el puchero para comer como si no hubiera un mañana

Otras muchas plazas se sumaban a esta feria, centrándose en los puestos de reunión de familias de toda clase social. Zonas limitadas para aquellas familias nobles o mesas más modestas pero igualmente repletas de todo tipo de viandas para disfrutar de una gran velada, siempre regada con vino y cerveza. Los espectáculos de habilidad como el tiro con arco acaparaban también toda la atención en otras zonas de la villa. Algunos, muy habilidosos, buscaban encadenar hasta varias flechas en el centro de la diana, mientras que otros intentaban tomar contacto por primera vez con un arco e intentar al menos ensartar la saeta en algo que no fuera un ser vivo… En otro rincón se exhibían distintas aves de presa, en un espectáculo de cetrería. Muchos eramos los que nos acercábamos para poder ver de cerca a búhos, águilas e incluso halcones. Era posible incluso sostener una de ellas en la mano, a cambio de unas pocas monedas, como no.

Búho sosteniendo la intensa mirada...

Búho sosteniendo la intensa mirada…

Inicio de la exhibición de cetrería

Inicio de la exhibición de cetrería

Secuaz de un tal Robin Hood entrenando un poco con el arco

Secuaz de un tal Robin Hood entrenando un poco con el arco

Joven aprendiz intentando dominar las artes del tiro con arco

Joven aprendiz intentando dominar las artes del tiro con arco

Made perfectamente integrada (excepto por el vaso de plástico...)

Made perfectamente integrada (excepto por el vaso de plástico…)

Gaitas, tambores y muchas, muchas ganas de bailar!

Gaitas, tambores y muchas, muchas ganas de bailar!

Y ahora se apuntan los tambores a la marcha por las calles!

Y ahora se apuntan los tambores a la marcha por las calles!

Si, eso que veis es un reloj en el siglo XV! Cuantos viajeros se habrán infiltrado como nosotros?

Si, eso que veis es un reloj en el siglo XV! Cuantos viajeros se habrán infiltrado como nosotros?

Es hora de la justa!

Después de atiborrarnos a base de bien de carne y cerveza y bajarlo todo con un buen paseo por otras muchas zonas de mercadeo, decidimos intentar entrar en el recinto de justas y ver el espectáculo entre los caballeros que rendirían cuentas ante dios con sus vidas. En definitiva, peleas y sangre…

Una hora de cola fue necesaria para poder entrar, a riesgo de quedarnos sin acceder si las puertas se cerraban antes de que alcanzáramos la entrada. Finalmente conseguimos acceder y conseguimos un buen sitio, al principio con el sol de frente, pero que en poco tiempo se fue y acabamos bañados por la sombra, con lo que conseguimos no perdernos detalle alguno.

En esta ocasión se presentaban cinco caballeros (identificados por los distintos colores que ellos elegían) que querían demostrar sus habilidades y ganarse el favor del público asistente por medio de sus alardes de valentía y destreza con las armas. Estos festejos servían también como entrenamiento y proceso de selección de grandes caballeros que luego podrían ser buenos combatientes en el campo de batalla real, por lo que el Rey estaba encantado de que todo pueblo tuviera su torneo o justa.

Te das cuenta? Toda esa gente a venido a vernos...

Te das cuenta? Toda esa gente a venido a vernos…

Maravillas de los viajes en el tiempo! Otro viajero haciendo fotos sin esconderse mucho...

Maravillas de los viajes en el tiempo! Otro viajero haciendo fotos sin esconderse mucho…

Que mala leche tiene el tío este de negro...

Que mala leche tiene el tío este de negro…

O rompía la sandía, o su cabeza... Menos mal que fue la primera...

O rompía la sandía, o su cabeza… Menos mal que fue la primera…

Comienzan los aplausos! Sale al centro del recinto el heraldo, anunciador de las reglas y presentador de los caballeros. Detrás de él el bufón, encargado de arengar al público para que los ánimos estén caldeados y detrás de él, el séquito de cada uno de los justadores que iban a tomar parte en la contienda. Presentados los cinco caballeros, comienza el enfrentamiento a través de diversos retos que permitan exhibir sus habilidades.

El que el caballero negro iba a encargarse de dar el espectáculo por su carencia de honor y sus ansias de victoria, se notó desde el primer momento. No tengo claro si fue en el momento en el que le estampó una rodaja de sandia en la cara del bufón o cuando tiró de su caballo al caballero de azul sin venir a cuento, pero desde luego íbamos a tener el espectáculo que estábamos buscando!

La prueba de puntería acababa de dar comienzo y los caballeros se iban sucediendo, a lomos de sus caballos, con los dardos en la mano para intentar clavarlos lo más en el centro posible de la diana. Nuestro buen amigo de negro no podía ser menos que el resto y, blandiendo un dardo en llamas, acabó quemando la diana. A ver quien es el guapo que comprueba ahora donde la clavó…

Caballos, lanzas y fuego. Este espectáculo tiene de todo!

Caballos, lanzas y fuego. Este espectáculo tiene de todo!

¡Grada verde!! ¿Estáis conmigo???

¡Grada verde!! ¿Estáis conmigo???

¡Aquí el más chulo soy yo! El resto calladitos, ¿vale?

¡Aquí el más chulo soy yo! El resto calladitos, ¿vale?

Comienzan las tensiones!

Comienzan las tensiones!

¿Quien le ha dado a este tío una maza en llamas?

¿Quien le ha dado a este tío una maza en llamas?

La siguiente prueba, como no podía ser de otra manera, era la rotura de lanzas. Dos caballeros sobre sus corceles, enfrentados cada uno con una larga lanza en la mano deben intentar romperla contra el cuerpo de su rival. El primero que rompa tres lanzas, o que consiga derribar del caballo a su oponente, se hace con la victoria. Los enfrentamientos se fueron sucediendo y la mayoría de ellos acabaron resolviéndose con el derribo del rival, hasta que el omnipresente caballero negro hizo su aparición de nuevo y se empeñó en darle estopa a todo el que pillara por delante. Llegado el momento, los combates de espada, hacha e incluso con una maza envuelta en llamas comenzaron a ser los protagonistas del espectáculo. Al final, después de que unos cuantos caballeros heridos tuvieran que ser llevados para recibir atención médica, ya solo quedaba el combate final; negro contra rojo.

Las gradas alborotadas coreaban los colores de sus elegidos mientras se formaba un circulo de fuego (curiosamente formado con combustible. Pensaba que en el siglo XV todavía no tenían de eso, cosas de los viajes en el tiempo…). Dicho círculo iba a ser el pequeño campo de batalla para un combate singular, espadas en mano. El nivel de épica alcanzaba cotas nunca registradas. Las espadas se entrechocaban, saltando incluso chispas en algunos de los envites, hasta que finalmente el caballero rojo se acabó haciendo con una victoria que el Rey y su corte, así como el clamor del público, se encargaron de recompensar. El conflictivo caballero negro había caído a manos de un honorable y fiel siervo de su majestad. Un final feliz de película.

¡Solo puede quedar uno!

¡Solo puede quedar uno!

Peleando por llegar al combate final a toda costa

Peleando por llegar al combate final a toda costa

Epic battle! Circulo de fuego y combate a muerte!

Epic battle! Circulo de fuego y combate a muerte!

Estos dos no se andan con contemplaciones

Estos dos no se andan con contemplaciones

Y el ganador es... el caballero rojo!!!

Y el ganador es… el caballero rojo!!!

Encuentro familiar en el siglo XV. Parece que hay más viajes en el tiempo de los que conocíamos!

Encuentro familiar en el siglo XV. Parece que hay más viajes en el tiempo de los que conocíamos!

Todavía emocionados con el final del combate, abandonamos el recinto de justas y emprendimos nuestro camino de vuelta para tomar el autobús de vuelta. Era el único que había, también para volver, por lo que no nos podíamos permitir el lujo de perderlo. Un día se lleva bien, pero esperar todo un año hasta la próxima feria para que el agujero de gusano se vuelva a abrir y el bus nos recoja, se antojaba demasiado tiempo para unos pobres campesinos infiltrados como nosotros… Y tu, ¿alguna vez has viajado en el tiempo?

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