Roadtrip por el Cantábrico: días de carretera y camping

Ahora, en un agosto algo más fresco que el bochornoso julio que dejamos atrás, creo que es el momento de recordar nuestra última y más reciente experiencia viajera. Preparándonos para futuros viajes, Made y yo optamos esta vez por quedarnos en territorio nacional, subirnos al coche y hacer kilómetros en un viaje de ciudad en ciudad, de pueblo en pueblo e incluso de playa en playa, con nuestra tienda de campaña y sacos de dormir para pasar dos semanas en ruta.

Además, normalmente procuramos evitar las fechas de temporada alta, tanto por lo costoso de los viajes y el alojamiento como por lo concurrido de los destinos, que hacen más difícil vivir y capturar la esencia de nuestros destinos. En esta ocasión el calendario no nos dejaba más opción que disfrutar de nuestras vacaciones en verano por lo que un plan en el que realmente no hubiera plan, era lo que más se adecuaba a nuestras necesidades y lo que, como no, más nos apetecía

La libertad de ir con nuestro coche como transporte y teniendo campings por todas partes como alojamiento, podíamos decidir cada día e incluso cada hora, donde queríamos quedarnos, disfrutando de la libertad de no parar más de lo necesario en aquellos destinos que no nos cautivaban como esperábamos y alargar nuestro tiempo en aquellos que más nos gustaban.

Camping en Cabo Mayor, justo al lado del faro y muy cerca de Santander!

Camping en Cabo Mayor, justo al lado del faro y muy cerca de Santander!

Nuestro pequeño y acogedor hogar durante estas semanas. Y con jardín!

Nuestro pequeño y acogedor hogar durante estas semanas. Y con jardín!

De camping en camping y tiro por que me toca!

En el tema campings, nos encontramos con una sorpresa bastante curiosa al intentar planificar el viaje para no llevarnos sorpresas. Y es que se ve que en el mundo del camping, en temporada alta, es la más pura anarquía (entendedlo en el sentido más satisfactorio) y ésta nos proporcionó una libertad que ya casi no recordábamos experimentar. En otras ocasiones en las que habíamos acampado, lo habitual era que cerráramos la reserva de la plaza días o incluso semanas antes, igualito que si estuviéramos gestionando una habitación de hotel. Acostumbrados a ello, nos sorprendimos al recibir como contestación de todos los campings a los que llamamos la semana previa al viaje la contestación de que nos presentáramos allí cuando quisiéramos, que seguro que no habría problema.

Y así fue. Todos disponían como mínimo de una zona denominada de “acampada libre”. En ella, pagábamos por tienda y personas y plantar la tienda en cualquier espacio que estuviera libre. Existiendo esta modalidad que, aunque no anunciada en las webs, comprobamos que todos los campings proporcionaban, todo era mucho más sencillo al tener la seguridad de que al menos íbamos a tener un rinconcillo donde tirar la tienda y descansar.

En ocasiones lo hicimos así, en acampada libre, mientras que en otras, por la poca diferencia de precio, cogíamos una parcela que nos permitiera tener también el coche justo al lado. Es cierto que en casi todos los campings la zona de acampada libre estaba lo bastante cerca del aparcamiento como para que no fuera demasiado engorroso ir a buscar el cepillo de dientes que me había dejado olvidado en el maletero o algún otro cachivache que siempre nos dejábamos olvidado en el coche. Otro tema aparte es el pedazo armario lleno de trastos en el que se convirtió el propio coche, pero creo que no entraré en ello. Seguro que os hacéis una idea…

Por cierto! Impresionante lo fácil que puede acabar acostumbrándose uno a dormir en superficies duras! Aun llevando colchones hinchables y de espuma, llegó un momento en el que ya daba igual lo duro que estuviera el suelo e incluso llegamos a prescindir de alguno. Lo difícil fue volver a dormir en una cama a nuestro regreso para nuestras espaldas (aunque no tardamos mucho en volver a adaptarnos ;) )

Nuestros vecinos en el camping: la Creperia School Bus

Nuestros vecinos en el camping: la Creperia School Bus

Otra cosa que nos sorprendió muy gratamente es el ambiente que pudimos vivir en algunos de los campings en los que estuvimos. Durante un par de días tuvimos como vecinos a los chicos de la Crepería School Bus, que van recorriendo España de festival en festival y de evento en evento con un autobús escolar 100% americano que han hecho habitable y lo han habilitado como cocina móvil. Ofrecen hamburguesas, bocadillos y, como no, crepes! Nos los encontramos descansando y mentalizándose para trabajar duro en el descenso internacional del Sella, que estaba a punto de empezar.

Ah! Me olvidaba! Fueron también participantes de un concurso de cocina on the road que se está emitiendo este verano en televisión: Cocineros al volante. No salieron muy bien parados ya que fueron los primeros expulsados, pero ya se sabe, lo importante es participar ;)

Aquí os dejo un vídeo de su actuación:

También hubo noches en las que de repente, mientras descansábamos tranquilamente frente a nuestra tienda tomando unas cervezas y disfrutando de una temperatura agradable, el sonido de la megafonía nos reclamaba para que nos acercáramos hasta el bar. Allí, la actuación que cada noche una pequeña (y tan pequeña como que eran dos) compañía de teatro itinerante nos ofrecía su modesto pero entretenido espectáculo cómico. Y como no, medio camping se sentaba a su alrededor para echarse unas buenas risas!

Comienza la actuación de esta noche en el camping. Let's go!

Comienza la actuación de esta noche en el camping. Let’s go!

Y ahora una de marionetas!

Y ahora una de marionetas!

Pero ¿y el viaje?

Si, si ahora comento un poco más sobre el viaje en sí, tranquilos. Sobre todo nos hartamos de playas y pueblos marineros que, al más puro estilo cantábrico, se descolgaban sobre las fachadas empinadas de los acantilados. Incluso llegó un momento en el que acabamos diciendo “bah, es otro pueblo como los anteriores. ¿nos vamos?” con lo peligroso que a veces puede ser esto, al no permitir disfrutar del verdadero encanto de algunos pueblos que seguramente requerían un tiempo de asimilación que en ocasiones ya ni le otorgábamos.

Pudimos conocer y pasear por ciudades como Gijón, Santander, Bilbao o San Sebastián. Nos bañamos en playas como la de los locos en (Suances), Zarautz, Ondarreta (San Sebastian) o la de Gulpiyuri. Disfrutamos de los miradores y curioseamos por las callejuelas de pueblos como Lastres, Elantxobe, Santillana del Mar, Castro Urdiales o San Vicente de la Barquera. También nos internamos en las entrañas de la sierra de Arnedo, en Cantabria, para conocer las intimidades de la cueva de El Soplao.

Una impresionante puesta de sol con una cerveza fresquita en Zarautz

Una impresionante puesta de sol con una cerveza fresquita en Zarautz

El tiempo que experimentamos durante toda la ruta no pudo ser más variado, pero desde luego nada que ver con esas olas de calor con las que los telediarios llenaban sus portadas. Temperaturas agradables que sin pasar de los 30 grados invitaban a un buen chapuzón después de horas al volante. Cielos repletos de nubes que se pasaban el día completamente encapotados, cubriendo de un velo de luz gris todo lo que visitábamos e incluso soltando algún chaparrón que otro de vez en cuando. También nos tocó lidiar con tormentas. Truenos y relámpagos iluminando el exterior durante una fracción de segundo, antes de que la oscuridad que reinaba en el exterior de nuestra tienda durante la noche volviera a invadirlo todo fue el “regalo” que nos dejaron.

Pero probablemente lo peor que nos tocó sufrir fue el diluvio que nos cayó justo una mañana que, si o si, teníamos que continuar nuestro camino si no queríamos quedarnos allí estancados. No nos quedó otra que recoger la tienda a contrarreloj bajo una lluvia incesante, fría y contundente, antes de poder refugiarnos en la cafetería del camping donde pudimos entrar en calor y meterle algo al estómago.

Un día gris en San Sebastián, desde el mirador del Monte Higueldo

Un día gris en San Sebastián, desde el mirador del Monte Higueldo

La inestabilidad meteorológica fue desde luego un rasgo característico de nuestro viaje que lo hizo también algo distinto, llevándonos a pasar de un día completamente vestidos de invierno, protegiéndonos del frio a otro en el que estábamos bañándonos y tomando el sol, pocos kilómetros después

Reconozcámoslo. Si te lo propones, viajar en Agosto puede ser económico y conocer un poco más a fondo España puede acabar siendo también un destino tan exótico como cosmopolita. Made y yo nos lanzamos a conocer la costa del mar Cantábrico y no pudo gustarnos más a pesar de las dificultades del camino!

Ahora solo queda que comience a procesar las fotos y rememorar las historias para poder ir trayendolas desgranaditas y cocinadas para que podáis volver a viajar con nosotros a través del blog. ¿os apuntáis?

Salud! Por un buen viaje ;)

Salud! Por un buen viaje ;)

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