Parque nacional del Monfragüe, un no parar de flora, fauna y naturaleza

La temperatura no era todavía todo lo elevada que se preveía para este domingo en el norte de Extremadura, pero se notaba cierto bochorno y humedad en el aire que anticipaba el día que íbamos a tener durante la excursión que teníamos planeada a través de las dehesas del Monfragüe. Nos esperaba un recorrido en 4×4 pausado, en el que poder contemplar los parajes naturales de la zona y algo de la flora y fauna que la conforman. Desde luego, era un plan perfecto para un domingo como éste!

Era temprano cuando salí del hostal en el que me había alojado ese fin de semana en Plasencia. Emprendí el camino atravesando el centro de la ciudad en dirección a una de las puertas de la muralla que rodeaba la parte antigua y que me permitía dejar atrás el centro histórico y salir a la zona más nueva donde teníamos establecido el punto de encuentro.

Allí me esperaban el resto de compañeros con los que iba a compartir asiento en los dos 4×4 previstos para llevarnos. Una vez repartidos en los vehículos, seguimos la ruta que nos llevaría a la entrada del Monfragüe. Una reserva natural que formaba parte del enorme entorno natural que ocupa, en el corazón de la provincia de Cáceres. De hecho, el Monfragüe fue el primer espacio protegido de la comunidad extremeña, allá por el 79, con el propósito de evitar que la repoblación de terreno con eucalipto continuara, perdiéndose así los bosques autóctonos y con ellos la fauna que dependía de este entorno.

Gracias a esta decisión, y más de 30 años después, el Monfragüe se ha transformado en un lugar excelente para el avistamiento de aves, sobre todo después de que en 2007 consiguiera la catalogación como Parque Nacional. Es impresionante disfrutar de los extensos y coloridos paisajes acompañados de la constante presencia de colonias de cigüeñas negras, alimoches, buitres e incluso águilas imperiales. Estas últimas son lo más difícil de avistar y por lo tanto uno de los trofeos más preciados para los fotógrafos y aficionados que se acercan a los diversos miradores de la zona, la mayoría de ellos a orillas del río Tiétar o el propio Tajo, los dos cauces de agua más importantes que riegan este enclave natural.

Otro detalle curioso de este parque es el propio origen de su nombre, que se deriva del latín y es en esta lengua en la que cobra sentido descriptivo: mons fragorum. Por lo tanto el Monfragüe es realmente un “monte frondoso“.

Dehesas del Monfragüe

Dehesas del Monfragüe

Colonia de buitres desde el mirador de la Portilla del Tiétar

Intentando distinguir especies entre tanta ave sobrevolandonos

El recorrido inicial por el que entramos en el área del Monfragüe nos dejaba un paisaje de grandes extensiones de mantos de hierba verde, un pasto perfecto para las muchas vacas y ovejas que eran pastoreadas hasta allí para alimentarse. El mar verde que nos rodeaba se salpicaba de matorrales mediterráneos que se combinaban con la presencia de encinas y alcornoques.

Llegábamos así al mirador de la Portilla del Tiétar, que como su nombre indica, es uno de los puntos más interesantes a la orilla del río Tiétar desde el que realizar avistamientos de aves. Justo enfrente a nosotros se alzaba un enorme peñasco rocoso en el que una gran colonia de buitres había echado raíces y a los que se les veía constantemente sobrevolando la zona.. Buitres leonados y negros, alimoches e incluso un águila imperial (que si no llega a ser por uno de los expertos que estaban allí ni nos hubiéramos enterado) sobrevolaban y vigilaban su territorio.

Reunión de buitres vistos desde el mirador de la Portilla del Tiétar

Colonia de buitres desde el mirador de la Portilla del Tiétar

Aterrizaje de uno de los buitres que sobrevuelan la zona

Colonia de buitres desde el mirador de la Portilla del Tiétar

Colonia de buitres desde el mirador de la Portilla del Tiétar

– “Allí, en aquel árbol que sobresale se puede ver un nido con una cría de águila imperial. ¿Lo veis?” – nos decía uno de los fotógrafos especializados en este tipo de espectáculos de la naturaleza que estaba allí y que no dudó en darnos indicaciones de a donde apuntar y describirnos lo que estábamos viendo.

A duras penas conseguíamos ver el nido que nos indicaba, a pesar de que forzábamos los zooms de las cámaras hasta el límite. Finalmente lo conseguimos, unos a través de su cámara y otros utilizando los prismáticos que nos ofrecían los guías y no dejaba de ser impresionante ver un polluelo en un nido, en la copa de un árbol que por si fuera poco era la más alta y estaba también en lo más alto de la ladera. Estaba claro que había nacido para volar…

Por mi parte conseguí fotografiarlo, pero se aprecia tan poco y tan mal que no merecía la pena ni que pusiera la foto…

Colonia de buitres desde el mirador de la Portilla del Tiétar

Colonia de buitres desde el mirador de la Portilla del Tiétar

Colonia de buitres desde el mirador de la Portilla del Tiétar

Colonia de buitres desde el mirador de la Portilla del Tiétar

Colonia de buitres desde el mirador de la Portilla del Tiétar

Colonia de buitres desde el mirador de la Portilla del Tiétar

En el corazón de las dehesas, rodeado de alcornoques

Y con rodeado de alcornoques no me refiero a ninguno de mis compañeros de ruta, !que quede claro! :P

La ruta nos llevaba ahora al corazón de las dehesas. Durante nuestro camino, con los 4×4 yendo a un ritmo lento para contemplar el paisaje y haciendo paradas puntuales, pudimos ver a esos cerditos ibéricos, de piel oscura y porte atlético gracias a tanta carrera por las amplias dehesas. Los caballos que se encuentran en libertad no se cortaban en acercarse a nosotros e interponerse en nuestro camino o intentar meter los morros a través de la ventana del todo-terreno, mientras otros, menos activos, simplemente se revolcaban por el suelo o se echaban una buena siesta al sol.

También fueron muchos los lagartos ocelados que nos encontramos cerca del camino. Esta es una especie de lagarto muy, muy fotogénica, con unos intensos tono de piel brillante, entre el verde y amarillo, y que desde luego siempre sabían mantener la pose lo suficiente para que la cantidad de cámaras con las que nos apretábamos en la ventana del coche pudieran inmortalizar el momento.

Cerdos ibéricos

Dehesas del Monfragüe

Dehesas del Monfragüe

Dehesas del Monfragüe

Dehesas del Monfragüe

Dehesas del Monfragüe

Lagarto ocelado disfrutando del sol

Lagarto ocelado disfrutando del sol

Dehesas del Monfragüe

La última parada de la ruta era bajo un alcornoque, en plena dehesa y rodeados de kilómetros de campo y protegidos por la sombra que nos proporcionaba este árbol centenario, valioso sobre todo por su corteza porosa. Todo era pura naturaleza y, cuando los motores de los 4×4 se apagaron ya solo quedaba el sonido de los pajarillos e insectos mezclándose con el silbido de la brisa entre las copas de los árboles.

Era el momento para que los expertos del parque que nos guiaban nos contaran un poco más sobre el proceso de producción y extracción de la corteza del alcornoque para la obtención de corcho. La corteza del alcornoque va cogiendo grosor con el paso de los años y más o menos se estima que son necesarios como mínimo unos 5 (siendo lo habitual entre 7 y 9 años) para conseguir el mínimo que permite la producción de, por ejemplo, corchos para botellas.

Debido a ello, las zonas de alcornoque de las dehesas están divididas en varios sectores y cada año se va extrayendo en cada uno de ellos, para poder ir cumpliendo este ciclo, siempre sin provocar daño a los árboles y garantizando su saneamiento para evitar que enferme. Es importante destacar que la corteza del alcornoque es realmente una protección natural contra los incendios por lo que, cuando se realiza la extracción es cuando más expuesto a estos peligros está el alcornoque. Para evitar que ésto ocurra, ayuda sobre todo el hecho de que las dehesas se mantienen limpias durante todo el año por mano del hombre para facilitar el pastoreo de las distintas especies que se crían aquí.

Al fin y al cabo, la dehesa no es cosa de la naturaleza, si no de la mano del hombre y las que rodean la zona protegida del Monfragüe son por lo tanto en gran ejemplo de como la convivencia entra el hombre y la naturaleza es posible y permite la simbiosis entre ambos para su mutuo beneficio. La explotación de las dehesas en definitiva buscan el beneficio económico, pero siendo conscientes de que para que haya negocio a lo largo del tiempo debe respetarse el medio que les da de comer.

Parada para descansar en la zona de encinas y alcornoques

Parada para descansar en la zona de encinas y alcornoques

Parada para descansar en la zona de encinas y alcornoques

Parada para descansar en la zona de encinas y alcornoques

Y ahora, acabando de escribir estas lineas e intentando documentarme un poco más sobre el Monfragüe, acabo de descubrir que esta zona ha sido propuesta también para el sello de calidad de la iniciativa Starlight. ¿Que quiere decir esto? Que me tocará volver pronto con la cámara de fotos y de noche para seguir buscando fotos nocturnas con estrellas y constelaciones, de esas que tanto molan!

Si queréis leer un poco más sobre el Monfragüe y las dehesas, os dejo unas entradas de otros compañeros blogueriles:

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