Berlín: disfrutando de la vida a orillas del río Spree

Posiblemente una de las mejores cosas que hicimos en la planificación de nuestra visita a Berlín fue la elección del hostel. Entre las muchas opciones que nos brindaba la ciudad, nos arriesgamos a reservar habitación en el que era probablemente la opción más extravagante de las que se nos presentaron: un hostel flotante. Ya os podéis imaginar las dudas que nos suscitó el plantearse pasar varias noches en una habitación sobre el agua ¿Dormiré bien con tanto meneo? ¿No habrá mucha humedad? ¿Nos entrarán patos por la ventana?

No nos engañemos, siempre que nos hospedamos en un hostel, somos muy conscientes de que no vendrá el servicio de habitaciones a cambiarnos los jaboncitos del baño, mas que nada por que lo habitual será que compartamos baño. Tampoco dispondremos de una de esas habitaciones con un escritorio, caja fuerte en el armario y otros complementos más propios de un hotel de 3 estrellas para arriba. Realmente la ventaja del hostel es no pagar por cosas que sabemos que no utilizaremos, ya que además, cualquier duda acerca de la comodidad de la cama de la que dispondremos quedará resuelta al llegar a la habitación de noche después de sumarle otros 10 kilómetros de pateada a nuestras maltrechas botas y desmayarnos sobre el colchón. Es evidente que en esas condiciones dormiríamos encima de cualquier tabla mínimamente decente…

Vista matutina desde nuestro camarote

Vista matutina desde nuestro camarote

El hombre contra las máquinas

El hombre contra las máquinas

Puente Oberbaum sobre el río Spree

Puente Oberbaum sobre el río Spree

Partidillo de balón prisionero a orillas del río Spree

Partidillo de balón prisionero a orillas del río Spree

Nuestro hostel sobre el río Spree

Nuestro hostel sobre el río Spree

Gente reuniéndose en la East Side Gallery para disfrutar la puesta de Sol

Gente reuniéndose en la East Side Gallery para disfrutar la puesta de Sol

¿Que iba a pasar entonces por dormir en un camarote de un barco? Pues fue algo que pudimos comprobar durante nuestra estancia en Berlín. Sobre las aguas del tranquilo río Spree, arteria vital de la ciudad, flotaban dos barcos amarrados en su orilla. La East Side Gallery era nuestro caminito de migas para llegar a ellos y en poco tiempo estuvimos instalados en un pequeño pero confortable camarote con vistas al río.

Por las mañanas nos despertábamos siempre con las primeras luces que entraban por nuestra ventana y, al abrir las cortinas, los patos flotaban justo por debajo de nuestra ventana mientras los barcos de las rutas turísticas pasaban por delante nuestra, saludándonos mientras les decíamos adiós, aún sin quitarnos las legañas de los ojos. Las tardes nos dejaban impresionantes anocheceres que contemplábamos desde la terraza del bar del hostel, en la cubierta del barco. Unas buenas cervezas y una luz crepuscular que iba tiñendo de distintos colores el cielo nos daban la oportunidad de asimilar las vivencias del día y planear las rutas del día siguiente antes de irnos para cama.

También las charlas con algunos de los otros huéspedes nos dejaban alguna que otra historia de emigrantes latinoamericanos instalados en la capital alemana que disfrutaban cruzando unas palabras y compartiendo pequeños momentos. Lo mejor de las puestas de sol era también comprobar como toda la ciudad parecía detenerse durante un instante para sentarse a la orilla del Spree. Las orillas del río se llenaban de gente con comida y cervezas y se agrupaban para charlar, independientemente de que fuera lunes o sábado. Mientras tanto, sobre las aguas del río, barcos particulares pasaban a nuestro lado celebrando barbacoas y dejando atrás a su paso el olor de la carne recién hecha. Cuando en todos los blogs y guías que leímos se decía que Berlín tenía mucha vida, no estaban para nada exagerando.

Una barbacoa marinera navegando por el Spree

Una barbacoa marinera navegando por el Spree

Charlas al anochecer berlinés

Charlas al anochecer berlinés

A orillas del Spree en la East Side Gallery

A orillas del Spree en la East Side Gallery

Anocheciendo en la East Side Gallery

Anocheciendo en la East Side Gallery

Anocheciendo en la East Side Gallery

Anocheciendo en la East Side Gallery

El hostel en todo su esplendor nocturno

El hostel en todo su esplendor nocturno

Acceso al bar del hostel

Acceso al bar del hostel

East Side Gallery

East Side Gallery

Otros de los buenos momentos que pudimos disfrutar en Berlín a orillas del Spree fue en la zona de la Isla de los Museos. Ya estaba claro que en esta enorme ciudad las ultimas horas del día eran para descansar y disfrutar con la familia y amigos, ya que, allá donde fuéramos, había enormes grupos de gente disfrutando de unos magníficos y soleados días que nos acompañaban. Un local llamado Ampelmann, en honor al popular muñeco que ilustra muchos de los semáforos de la ciudad, proporcionaba las cervezas, la música y las tumbonas. El resto era simplemente sentarse y dejar que pasara el tiempo sin ningún tipo de preocupación.

Nuestros paseos de vuelta al hostel los alargábamos a propósito para curiosear por otras zonas del centro de la ciudad. Así pudimos ver recintos al aire libre donde las guirnaldas de luces iluminaban un baile en el que jóvenes y mayores alternaban parejas. La Alexanderplatz era también cada día una sorpresa distinta. Una noche un concierto de metal ponía la banda sonora a la ciudad, montando amplificadores, guitarras, bajos e incluso una minibatería completa en una jam a la que nos acabábamos inevitablemente uniendo todos los que pasábamos por allí. Otra noche, el concierto sonaba en clave de reagge y aquella hamburguesa cutre que nos acabábamos de comprar para engañar al estomago acababa sabiéndonos a gloria.

Paseando por la Isla de los Museos

Paseando por la Isla de los Museos

Más y más gente reuniéndose en las orillas del Spree

Más y más gente reuniéndose en las orillas del Spree

Y todavía más gente de cervezas en el Spree

Y todavía más gente de cervezas en el Spree

Tumbonas, cervezas y una puesta de sol frente al bar Ampelmann

Tumbonas, cervezas y una puesta de sol frente al bar Ampelmann

Cada rincón de la ciudad era un escenario en el que grupos musicales daban sus propios conciertos, y prácticamente sin quererlo acabábamos metiéndonos en todos los que se nos iban apareciendo. Se detenía el metro en nuestra parada y, al salir, con otra cerveza en una mano y un salado pretzel en otra, metíamos la cabeza en aquel grupo de gente arremolinada en torno a algo que no teníamos claro que era. De repente, un acorde le sucedía a otro y una chica se arrancaba a cantar mientras los punteos de una guitarra eléctrica empujaban a su voz a dar alguno de los tonos más agudos de su repertorio. Una vez estuvimos de vuelta en casa, descubrimos que la chica era una artista sudafricana de Ciudad del Cabo que hacía varios años que había llegado a Berlín para seguir prosperando en su carrera musical: Alice Phoebe Lou

Y es que aquella artista musical, aunque pequeña y de apariencia frágil y delicada, de repente aparecía allí, con la oscuridad como cómplice y en plena entrada a la pequeña estación de metro de Warschauer, uno de sus escenarios favoritos, llenando todo el ambiente con su potente voz. No nos lo pensamos dos veces. Entramos en la estación de metro, compramos dos cervezas en la pequeña tienda de la entrada y volvimos a salir para simplemente buscarnos un hueco entre la gente y disfrutar del concierto.

Así era Berlín. Cada noche, cuando creíamos que había llegado el momento de ir a descansar al hostel, aparecía algún concierto a la vuelta de cualquier esquina y no íbamos a ser nosotros los que dijéramos que no a un buen espectáculo…

Y se nos acabó haciendo de noche en el Ampelmann

Y se nos acabó haciendo de noche en el Ampelmann

Fiestas a la orilla del Spree frente a los museos de Berlín

Fiestas a la orilla del Spree frente a los museos de Berlín

Y así cerrábamos todos los días en Berlín: puesta de sol en la East Side Gallery...

Y así cerrábamos todos los días en Berlín: puesta de sol en la East Side Gallery…

...o puesta de sol detrás de la Isla de los museos desde el Ampelmann!

…o puesta de sol detrás de la Isla de los museos desde el Ampelmann!

Fotos: Flickr

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