Rincones de A Estrada que deberías visitar (I de II)

La lista de lugares que visitar en Galicia es interminable. Paraísos en forma de playas de dorada arena o grandes masas forestales en forma de bosques copan muchos de los primeros puestos de esa lista. Por eso, cuando a alguien le dices que debería dedicar al menos una mañana o tarde para pasarse por A Estrada, es inevitable que te pregunten: ¿Pero que se nos ha perdido ahí? Pues amig@s, no tenéis ni idea de lo que os podéis estar perdiendo!

Una de las razones por las que acercarse a A Estrada es puramente logística: su ubicación. Está lo bastante cerca de Santiago de Compostela como para poder planificar una escapada si estás pasando unos días por la capital gallega (al fin y al cabo, es inevitable que si te acercas hasta Galicia, no pases por ella…).

El resto de razones os las expondré a continuación. Todas las fotos y actividades que os mostraré las hemos podido realizar a principios de Enero, con niebla, frío y días con pocas horas de luz, y aun así hemos disfrutado enormemente del recorrido planeado por el Concello de A Estrada en unas fechas que a priori podían parecer de lo más inadecuadas para la práctica de ese ancestral arte que es el turisteo.

Imaginaos pues, lo que puede dar de si, si os acercáis en pleno Entroido, con los Xenerais da Ulla como verdaderos protagonistas de una de las más importantes celebraciones del carnaval gallego.

La Rapa das Bestas es su otro atractivo, por su preservación de una tradición ancestral como por la expectación que genera y que lleva a gente de todo el mundo y a todo tipo de medios de comunicación que durante un fin de semana reúne a todos en torno al proceso de corte de crines de los caballos en estado salvaje que se crían por ganaderos de la zona.

Pero en esta ocasión, lo que nos llevaba hasta allí no eran sus principales fiestas, si no la oportunidad de conocer y profundizar en los otros muchos atractivos que se esconden en uno de los más grandes concellos de Galicia y que pueden ser visitados y disfrutados en cualquier época del año.

Empezando por el Pazo de Oca

La niebla invadía cada rincón de Concello de A Estrada cuando llegamos, por la mañana temprano. Momentos antes, mientras nos acercábamos en coche, ya presagiábamos que el día no iba a regalarnos sus cielos azules y su sol radiante como en otras ocasiones, ya que una enorme boina de niebla lo cubría todo. La cita que teníamos con nuestros compañeros de GaliciaTB y otros blogueros invitados por el Concello de A Estrada nos congregaba a todos en el centro de la localidad. Después de las pertinentes presentaciones y reencuentros, nos esperaba el Pazo de Oca. A estas alturas ya íbamos todos prevenidos de que los jardines del Pazo no iban a estar precisamente en todo su esplendor debido a la meteorología, pero aún así era inevitable sentir cierta impaciencia por conocer uno de los Pazos más famosos de Galicia.

El Concello de A Estrada, de la mano de Kike, nuestro maestro de ceremonias, había conseguido permiso por parte de la Fundación del Ducado de Medinacelli, actuales gestores del Pazo en nombre de su propietario, para visitar algunas de las salas interiores y el interior de la iglesia. Era una oportunidad única que debíamos aprovechar ya que no estaban accesibles al público normalmente y la Iglesia de San Antonio de Padua sólo se utilizaba en contadas ocasiones al año. También la que sería nuestra guía, Silvia, acompañada del jardinero, responderían a todas nuestras dudas durante el recorrido, y a ambos no nos queda menos que agradecerles su esfuerzo y empeño en darnos a conocer el entorno del Pazo de Oca.

La historia del Pazo se remonta siglos atrás, a un siglo XIII en el que la nobleza medieval campaba a sus anchas y levantaba edificios majestuosos en los que disfrutar de su privilegiado estatus. Las familias que fueron pasando por estas estancias fueron tantas como matrimonios concertados entre familias nobles se fueron acordando, para unir tierras y ampliar las ya de por si abundantes riquezas, intentando perpetuar así el legado de los Señores de Oca, primeros propietarios de la antaño fortaleza medieval.

Pero las paredes entre las que nos movíamos no evocaban un viaje tan en el pasado como su origen sugiere. El actual Pazo se levanta sobre los restos de aquella fortaleza medieval, adquiriendo un estilo más barroco que las reformas por parte de sus dueños durante el XVIII y XIX le fueron dando. Fue esa remodelación la que le valió su más que conocido (y bastante trillado) sobrenombre de “el Versalles gallego” una etiqueta comparativa como tantas otras que intenta establecer paralelismos con grandes monumentos y edificios, en ocasiones con mayor acierto que otras y que siempre queda bajo la decisión del visitante si se ha dado o no en el clavo.

Pazo de Oca

Pazo de Oca

Pazo de Oca

Pazo de Oca

Pazo de Oca

Pazo de Oca

Si hubo un salón que pudimos explorar en profundidad, ese fue el destinado a los juegos y trofeos de caza. Desde un futbolín antiguo a varias mesas de juego llenaban los espacios, bajo la atenta mirada de las cabezas de lo que una vez fueron osos o nutrias y que acabaron decorando estas paredes. En pleno siglo XVI, la nueva y flamante propietaria del Pazo, después de comprárselo al Arzobispado de Santiago, pasaba a ser María de Neira y las leyendas en torno a su afición por la caza hicieron de ella posiblemente una de las más peculiares protagonistas que camparon por estas tierras.

Otra de las salas del Pazo se les podría hacer extrañamente familiar a los amantes del cine, o al menos a los que se consideraran apreciados fanes de la obra fílmica de Almodovar. El rodaje de varias escenas de La piel que habito tuvieron lugar en uno de sus salones, para recrear una boda que se celebraba en su interior y que dejaba también alguna escena que otra en sus jardines.

Los jardines, la joya del Pazo de Oca

Ya en el exterior, y con la niebla todavía envolviéndolo todo, los jardines copaban nuestra atención en un recorrido por interminables senderos que nos llevaban por algunos de los más curiosos rincones. Laberintos naturales, grandes extensiones de camelias o un paseo conformado por tilos iban sucediendose a medida que avanzábamos.

Los jardines fueron el legado que la familia Gayoso Ozores y Sotomayor dejó a sus herederos para que continuaran con el excelente trabajo en el que habían invertido una buena fortuna, pero no fue hasta hoy que sus descendientes tomaron realmente ese testigo. Hoy, en manos de la Casa Ducal de Medinacelli en Sevilla, sus herederos se lo han tomado en serio y no solo mantienen todo bajo un excelente estado de conservación si no que además los jardines son normalmente accesibles al público.

Y sobre los jardines, es difícil intentar describirlos. Estábamos bajo unas condiciones adversas, debido a la niebla, como no me cansaré de recordar, y además en pleno mes de Enero, con el frío que esto suele conllevar. Y aun así no dejaba de fascinarnos la enorme variedad de piezas que lo componían. Sendas que se iban bifurcando para alcanzar distintas partes iban generándonos cada vez más una sensación de amplitud que nos hacían dudar de la extensión real de los jardines, ya que cada vez que parecía que alcanzábamos algún extremo, aparecían nuevas zonas detrás de un arco o al rodear un camelio. Si esto era así en estas condiciones, no podíamos esperar a revisitarlo en primavera o verano, para contemplarlo en todo su esplendor.

Jardines del Pazo de Oca

Jardines del Pazo de Oca

Jardines del Pazo de Oca

Jardines del Pazo de Oca

Jardines del Pazo de Oca

Una parte destacada de los jardines era el estanque bipolar. ¿Bipolar? Pues si,. Un puente dividía el estanque en dos, y en cada una de las divisiones la presencia de una barca de piedra tomaba el protagonismo. Una representaba un barco de guerra mientras que otra era una simple barca de pesca.

Noche y día, luz y oscuridad, bien y mal. Se representaba así la dicotomía a la que conducen siempre los más básicos instintos del ser humano. Un ying y yang representado en piedra. En otro rincón, un laberinto tejido en arbustos de boj, podía ser contemplado desde algunos de los lugares más elevados de los jardines, ya que su acceso estaba restringido debido a sus frágiles condiciones. También el tilo era un elemento importante, cubriendo algunas sendas que en el pasado servían como paso de las carreras de caballos que tenían lugar también en el interior de los jardines.

Jardines del Pazo de Oca

Jardines del Pazo de Oca

Jardines del Pazo de Oca

Jardines del Pazo de Oca

Jardines del Pazo de Oca

Jardines del Pazo de Oca

Llegábamos así a la entrada a la Iglesia de San Antonio, en la que, rodeados de su retablo y sus paredes de piedra, tuvimos un momento de reflexión antes de realizar la última parte de la visita. Mientras, en el exterior, la niebla se iba levantando, pero poco a poco, insinuando el azul del cielo y aventurando un mejor tiempo para el resto de la jornada.

Por último, una sorpresa más. Una última pieza de este jardín a la que por fin la niebla le ayudaba a generar un efecto de ensoñación, necesario para sumergirse en el mundo de los cuentos. Entre etéreas y vaporosas nubes blancas se dejaba entrever lo que parecía ser la cabeza de una serpiente. Las siluetas de grandes soldados se intuían y la cola de un gran y enorme monstruo asomaba del suelo, como si pudiéramos pisar un Lago Ness y vernos amenazados por una inquietante presencia.

Muchos personajes salidos de la imaginería de Lewis Carroll y otros tantos de grandes escritores que han dejado para la posteridad mitos, historias y leyendas, se veían reproducidos con un gran detalle en un jardín de ensueño. Un jardín de cuento en el que también Alicia atravesaba veloz un espejo e incluso Peter Pan intentaba burlarse de su destino, escapándose volando a través de una ventana.

 Jardines del Pazo de Oca

Jardines del Pazo de Oca

Jardines del Pazo de Oca

Jardines del Pazo de Oca

Jardines del Pazo de Oca

Sobre el resto de la visita, me lo reservo para el próximo artículo y, mientras tanto, para que os sirva como aperitivo, tenéis los artículos de mis compañeros que os dejo a continuación:

Fotos: Flickr

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