De senderismo por la Costa da Vela y Melide

Volvíamos una vez más a disfrutar de las maravillas que la Península del Morrazo ofrece y de las que nunca nos aburrimos. En una de las últimas ocasiones en las que estuvimos en Donón aprovechamos para revisitar el entorno de Cabo Home, y sobre todo la zona en torno a la popular estatua de la caracola. Esa había sido nuestra elección para contemplar una buena puesta de sol entre amigos.

Pero en esta ocasión volvíamos para recorrer alguna de las rutas de la zona por las que hacía años ya que no paseábamos y volver a recordar paisajes, colores y olores que ya se iban diluyendo en nuestros recuerdos. Para ello hicimos la misma ruta en coche, llegando hasta Donón, pero esta vez tomando la pista de tierra que comenzaba justo a la izquierda, antes de llegar al aparcamiento del mirador de la caracola.

Siguiendo la pista durante un buen trecho alcanzamos una explanada, que era el último punto que se podía alcanzar en coche, y donde furgonetas y caravanas comenzaban a ocupar sus sitios para pasar la noche. Quedaban pocas horas ya para que ésta llegara, y por tanto comenzaba la cuenta atrás.

A partir de allí caminamos por un ancho camino forestal y llegamos en poco tiempo al primero de los faros de la ruta. Estábamos en Punta Subrido, y su alto y espigado faro marcaba una de las puntas de tierra que se cernían sobre la ría de Vigo. Desde allí, las vistas de la Ría de Vigo, con las bateas como elemento predominante, y el puente de Rande al fondo eran excelentes. También las Islas Cies se veían cercanas, dando una irreal y equívoca sensación de lo sencillo que debería ser llegar a ellas, incluso a nado. El sol, a la derecha de las islas, comenzaba a teñir de anaranjado el cielo, dando inicio al fin del día, y por tanto la señal de que debíamos continuar la ruta, ya que nos quedaba un trecho entre arboles, por lo que toda luz comenzaba a volverse escasa.

Faro de Punta Subrido

Faro de Punta Subrido

Costa da Vela y Ría de Vigo

Costa da Vela y Ría de Vigo

Senderos de la Costa da Vela

Senderos de la Costa da Vela

Costa da Vela con las Islas Cies al fondo

Costa da Vela con las Islas Cies al fondo

Puesta de sol sobre Punta Robaleira

Puesta de sol sobre Punta Robaleira

Descendimos entonces por un sendero entre maleza y arboledas de pinares, para llegar a la playa de Melide. Una playa alejada de todo, pero ubicada en el centro de uno de los entornos más atractivos del Morrazo. Estaba lejos, si, pero justo donde debía estar.

Se respiraba una ambiente tranquilo, apacible, con el único sonido de las olas, el viento y, por supuesto, las gaviotas. Algún vecino se acercaba a la orilla con sus perros, y todavía algún bañista rezagado recogía sus bártulos, pero poco a poco todo se iba quedando en calma. Mientras tanto, el crepúsculo se iba adueñando poco a poco de los brillos de las olas, transformando el azul en naranja y rompiendo sobre la arena. El Sol se iba escondiendo justo detrás del faro de Punta Robaleira, trazando unas oscuras siluetas de los escarpados acantilados y, una vez más, la alargada sombra de las Islas Cíes volvía a tomar protagonismo.

Playa de Melide y Punta Robaleira

Playa de Melide y Punta Robaleira

Playa de Melide

Playa de Melide

Playa de Melide

Playa de Melide

Playa de Melide

Playa de Melide

Playa de Melide

Playa de Melide

Recorrida la playa, comenzamos a subir por otro sendero. Esta vez se trataba de otra pista de tierra por la que podíamos ascender hasta lo alto de Punta Robaleira, y llegar hasta el recortado y ancho faro rojo que marcaba su presencia. Los colores violetas de la poca luz que quedaba eran ahora los tonos dominantes del ambiente. Mientras tanto, los verdes de los arbustos y matojos se iban volviendo marrones, oscureciéndose cada vez más y más. El viento soplaba fuerte, recordándonos lo cerca que estábamos de Cabo Home, el extremo de la Península del Morrazo más exterior de la ría, y por tanto completamente desamparado, donde las inclemencias del tiempo golpeaban sin ningún tipo de compasión.

Dado que ya solo nos quedaban minutos de luz, recorrimos el trayecto final hacia el faro de Cabo Home para desde allí ver como seguía aguantando estoicamente para asegurarse de que ningún marinero despistado se fuera por donde no debiera y acabara devorado por mar y piedras. Desde allí, siguiendo con la vista el perfil del litoral, veíamos unas luces encendiéndose al fondo. Donón encendía las luces de sus casas y las farolas de sus calles. Allí habíamos comenzado esta ruta y ahora debíamos volver al coche para emprender el regreso a casa. Las linternas de los móviles eran ya la única luz que nos quedaba, y por tanto el camino de vuelta se presentó lento pero sin incidentes.

Punta Subrido

Punta Subrido

Faro de Punta Robaleira

Faro de Punta Robaleira

Costa da Vela y Donón al fondo

Costa da Vela y Donón al fondo

Faro de Cabo Home

Faro de Cabo Home

A medida que  nos acercábamos a la explanada, nos íbamos encontrando con otros excursionistas en similar situación a la nuestra. Volvían también de disfrutar de una tarde de espectáculo natural y las luces blancas e intensas de los leds de sus móviles iluminaban el el camino. Una vez en el coche, el ruido de cacerolas y música proveniente del interior de las caravanas se mezclaba con las conversaciones de aquellos que pasarían allí la noche y nos servían de despedida.

Nos íbamos, ya bajo la oscuridad de la noche y el cuerpo destemplado del viento frío, pero contentos de contemplar una vez más un espectáculo que, aunque se representaba en dos funciones todos los días del año, eran demasiado pocas las veces que disfrutábamos de él.

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