Berlín: Conociendo el reino de Prusia a través de Potsdam

Mucho, mucho antes de que la capital alemana se llenara de historias y leyendas relacionadas con guerras mundiales, movimientos políticos totalitarios o enfrentamientos entre capitalistas y comunistas, Berlín y su entorno cercano fueron escenario de otros grandes eventos históricos que conmocionaron a una Europa sumida en múltiples batallas internas.

Queríamos comenzar a sumergirnos en la historia de la ciudad y para ello fue necesario tomar la linea S1 del metro de Berlín para poder alcanzar el epicentro del que fue uno de los periodos históricos más gloriosos de la antigua Alemania: Potsdam.

Potsdam es una ciudad muy cercana a Berlín, considerada Patrimonio de la humanidad por la Unesco gracias a su centro histórico, a sus enormes parques y a sus señoriales palacios. Esta solemnidad en sus calles proviene de finales del siglo XVII, periodo histórico en el que Potsdam comenzó a crecer, tanto económica como demográficamente, atrayendo a gente de diversos lugares de Europa. Esta presencia de inmigrantes propició que, en nuestro recorrido por las calles del centro histórico de la ciudad, pudiéramos encontrarnos con barrios como el holandés o zonas donde los edificios y nombres de locales nos recordaban que franceses, suizos y gente de media Europa habían vivido antes entre estas calles.

Muy cerca del centro de la ciudad, y sirviendo de entrada a ésta. la Puerta de Brandeburgo (no confundir con la que se encuentra en el centro de Berlín) tomaba protagonismo frente a una amplia plaza cuyo centro estaba reservado para una fuente que servía para combatir el calor a los chicos que se divertían chapoteando en el agua. El nombre de la puerta se corresponde al nombre de una de las más importantes familias que en el pasado gobernaban sobre las tierras del que ahora es uno más de los estados alemanes y del que Potsdam es su capital.

Las historias y leyendas en torno a las ancestrales familias nobles alemanas abarca gran parte de la convulsa historia alemana, pero Potsdam nos iba a enseñar, a través de sus palacios y jardines, uno de los periodos posiblemente más gloriosos y seguramente más entretenidos: el gran olvidado Reino de Prusia.

Se estrenaba el siglo XVIII, y un tal Federico I subia al trono del recien formado Reino de Prusia. Su padre acababa de dejarle, por derecho real, el bastón de mando de todas las tierras germanas del norte,naciendo asi una de las más grandes leyendas de la antigua Europa.

Estación de metro a Potsdam

Estación de metro a Potsdam

Potsdam

Potsdam

Centro de Potsdam

Centro de Potsdam

Centro de Potsdam

Centro de Potsdam

Puerta de Brandeburgo de Potsdam

Puerta de Brandeburgo de Potsdam

Puerta de Brandeburgo de Potsdam

Puerta de Brandeburgo de Potsdam

El porqué este nuevo “Rey en el norte” obtenía su nuevo y reluciente título estaba íntimamente relacionado con algo que se autodenominaba Sacro Imperio Romano Germánico. Desde hacía ya más de 7 siglos, el Sacro Imperio Romano Germánico (también conocido como el I Reich) unía las tierras de las actuales Alemania, Suiza, Austria, República Checa y unos cuantos pedazos más de Polonia, Francia e Italia. Como es lógico, con tanta guerra por aquí y por allá, las fronteras fueron variando, pero los territorios germanos eran siempre el núcleo dominante que ponían las normas. El sistema era federalista, por lo que aunque había un emperador coordinándolo todo, cada una de las regiones tenía su correspondiente rey, y ahora, en 1701, Federico I acababa de obtener su oportunidad de reinar y dar el pistoletazo de salida a la historia del Reino de Prusia, después de su acuerdo con el Emperador Leopoldo I.

Después de un difícil periodo de arranque y consolidación del Reino, llegaba 1740 y con él, un nuevo rey: Federico II El Grande. Este nuevo rey era un estratega como pocos, y el solito, con la sola ayuda de los británicos, consiguió plantarle cara a todas las fuerzas francesas, rusas, austriacas y suecas y resistir sus envites hasta acabar victorioso. Fue durante su reinado cuando en Potsdam, segunda capital del reino (por detrás de Berlín, como no), Federico decidió construirse allí una residencia de caza para posteriormente acabar trasladando toda su corte real. Así se construyo en 1744 el Palacio de Sansoucci. Años después, y para celebrar su victoria en la guerra de los 7 años, se construyo el Nuevo Palacio de Potsdam. En éste último era frecuente que se alojasen todos los invitados reales que venían de visita.

Ciudad antigua

Ciudad antigua

Ciudad antigua

Ciudad antigua

Ciudad antigua

Ciudad antigua

Antiguo ayuntamiento

Antiguo ayuntamiento

Puerta de la fortuna

Puerta de la fortuna

Los sucesores de Federico en el trono consiguieron ampliar el territorio conquistado aprovechándose incluso de la repartición de una Polonia que acababa de dejar de existir como nación debido a sus propios problemas con sus vecinos rusos, austríacos y, por supuesto, Prusia. Así, después de un siglo de crecimiento y expansión, llego el XIX y con él, un tal Napoleón Bonaparte empezaba a tocarles las narices derrotando a Austria y desencadenando la desaparición del Sacro Imperio Romano Germánico después de siglos de esplendor.

Se quedaba así Prusia solita en el mapa europeo y sin un hermano mayor que lo protegiera. En cuestión de pocos años, Prusia perdió gran parte de su territorio a manos de los franceses, hasta que todo pegó un inesperado giro y la famosa Guerra de Waterloo dio la victoria de una coalición que, fruto de la desesperación, juntó a extraños compañeros de cama. Reino Unido, junto con los antaño rivales Rusia, Suecia y Austria se unían con Prusia para darle p’al pelo a Napoleón consiguiendo que éste se fuera de sus tierras con el rabo entre las piernas. Prusia volvía a recuperar terreno perdido.

Jardines del Palacio de Sansoucci

Jardines del Palacio de Sansoucci

Palacio de Sansoucci

Palacio de Sansoucci

Palacio de Sansoucci

Palacio de Sansoucci

Palacio de Sansoucci

Palacio de Sansoucci

Palacio de Sansoucci

Palacio de Sansoucci

Una nueva Prusia reforzada se encontraba en el centro de un peculiar debate que planteaba la posibilidad de unir a todos los germanos bajo una misma nación, o continuar con una alianza de pequeños estados federales. Pero Prusia no estaba por la labor de la unión, ya que eso supondría renunciar a la existencia del reino prusiano y la desaparición por tanto de la corona y el portador de ella.

Apareció de repente Otto Von Bismarck, nuevo Primer Ministro prusiano por orden del Rey y con él nacía un nuevo plan de dominación. Tres guerras fueron necesarias para que nuestro buen Otto consiguiera plantar la semilla del que a la postre sería el Imperio alemán: Primero se alió con los austriacos para derrotar a Dinamarca. Luego traicionó a sus socios y se hizo con Austria. Por último, en un alarde estratégico-bélicoso, provocó a Francia para que atacara a Prusia y así consiguió que todos los estados germanos se unieran para plantarles cara y derrotar así a los franceses.

Así fue como Otto consiguió unir a todos los estados germánicos bajo una misma luz de la victoria y consiguió que su rey, Guillermo I, fuera nombrado Káiser del recién surgido Imperio Alemán, considerándose así un imperio de control prusiano, ya que controlaban el sistema político y económico del imperio. Acababa de nacer el II Reich y Otto sería su primer canciller.

Todos se las prometían felices, con un panorama dominante en Europa y uniendo a sus reyes con los de las familias reales de Reino Unido y Rusia para asegurarse la paz, hasta que un nuevo enemigo del Imperio apareció. Este nuevo contrincante era nada más y nada menos que el nuevo Káiser Guillermo II. Vamos, que el enemigo estaba en casa.

Con todo un imperio perfectamente montado y equilibrado, a Guille no se le ocurre otra cosa que echar a Otto y rebelarse contra ingleses y rusos, declarándolos enemigos. Para poner la guinda final a este desaguisado, se plantó, sin comerlo ni beberlo en la I Guerra Mundial, debido a que no se le ocurrió otra cosa que mandar a sus tropas a Francia, pisoteando por el camino a Bélgica y Luxemburgo.

En un momento en el que toda Europa estaba dándose de leches y las fuerzas de otros continentes se iban sumando a uno u otro bando, Guille escogió el peor momento para salir de paseo por Europa y, su antes aliado pero ahora enemigo, Reino Unido le declaró la guerra metiéndolo en un fregao de dimensiones épicas.

Palacio de la Orangerie

Palacio de la Orangerie

Palacio de la Orangerie

Palacio de la Orangerie

Palacio de la Orangerie

Palacio de la Orangerie

Belvedere auf dem Klausberg

Belvedere auf dem Klausberg

Belvedere auf dem Klausberg

Belvedere auf dem Klausberg

Palacio nuevo

Palacio nuevo

Palacio nuevo

Palacio nuevo

El Imperio alemán fue uno de los grandes derrotados de la I Guerra Mundial y así llegó también a su fin el Imperio de los prusianos, con la abdicación del Káiser y por tanto extinguiéndose su dominio.

Nuevos países y nuevas fronteras comenzaban a formarse ahora. Era 1918 y el extinto Imperio alemán dejaba paso a la aparición de la República de Weimar, con el recién constituido Estado Libre de Prusia como parte de ella. Se constituía así una suerte de Alemania de postguerra, empobrecida y deprimida, con diversos problemas políticos para estabilizarse. Nos acercábamos a 1932 y un nuevo giro de los acontecimientos estaba a punto de suceder…

Fotos: Flickr

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