Utrecht: más canales e iglesias en una ciudad muy animada

A un país que nos enamoró con sus paisajes y su ambiente, con sus canales de aguas verdosas y turbias, sus interminables parques de verdes prados con sus picnics, su arte y su historia, sus bicicletas con prioridad por encima de cualquier otra cosa, sus mercados, su incomprensible idioma y su seriedad, sus trenes y autobuses con wifi, su curioso sentido de la limpieza, con calles bien cuidadas pero con vagones de tren llenos de basura hasta los topes, su gente de impecable rectitud durante el día pero completamente desatada por la noche, sus cervezas de tamaño perfecto (porque para qué vas a conformarte con un tercio pudiendo tomarte medio litro), sus quesos, galletas y todo tipo de dulces. Dedicado a Holanda.

El titulo habla por si solo, por lo que sí, finalmente decidimos que sería Utrecht nuestro último destino en Holanda, antes de dar nuestro siguiente paso en este viaje por Europa. Rotterdam resultaba una opción muy tentadora después de investigar un poco sus opciones, pero exigía unos tiempos de desplazamiento en tren que no queríamos afrontar ya que no queríamos pasar más tiempo de desplazamientos que de safari urbano. Utrecht estaba lo bastante cerca de Arnhem como para poder plantarnos en ella en lo que tardábamos en bebernos un café en el tren, y además estaba cerca de Amsterdam, que era dé donde salía el tren que nos iba a llevar a cruzar la frontera con Alemania. Era por tanto una buena opción para poder hacer una visita sin prisas, a sabiendas de que no podíamos despistarnos para dar nuestro siguiente paso en esta travesía europea.

Es cierto que yo ya había estado en Utrecht, años atrás, pero había tenido tan mal tiempo que poco recordaba ya de la ciudad. De hecho, me di cuenta de ello cuando llegamos en esta ocasión y casi todo me parecía nuevo o distinto. Los lluviosos grises de esa antigua Utrecht que llevaba en mi cabeza dejaban paso ahora a cielos azules y múltiples colores en cada rincón que la hacían irreconocible para mi y desde luego, mucho más alegre.

Cerca de la estación de tren, y mientras nos encaminábamos al centro de la ciudad, nos encontramos sin quererlo con un peculiar edificio que albergaba un ovni en su azotea. A un tal Marc Ruygrok se le ocurrió un día cualquiera que el edificio que alberga la oficina central de ferrocarriles era demasiado aburrido. Que mejor idea que ponerle un buen complemento en forma de ovni para darle un toque de humor. Y es que a este artista holandés ganas de cachondeo no le faltan y todos sus trabajos plásticos siempre suelen tener alguna connotación o guiño divertidos. Todo un personaje, que acabó consiguiendo que los ciudadanos de Utrecht acabaran considerando su ovni uno de los símbolos de la ciudad.

Oficina central de ferrocarriles con ovni de Marc Ruygrok

Por el centro de Utrecht

Caminando sin rumbo, a lo tonto nos acabamos plantando en el conjunto de calles comerciales que rodeaban el centro histórico de Utrecht, en plena hora de la comida (según horario europeo, ya que España era malamente la hora del segundo café del día). Grupos de trabajadores abandonaban momentáneamente sus puestos de trabajo para salir a la calle, comprarse un sándwich y sentarse en algún banco de la zona. Algunos aprovechaban el día soleado para simplemente pasear un poco y estirar las piernas antes de volver y continuar con su trabajo.

La torre de la Catedral comenzaba a llamar por nosotros, asomando entre los tejados de las casas y edificios que la rodeaban, así que no nos hicimos de rogar y continuamos hasta llegar a la Domplein. La plaza de la Catedral era el mejor lugar para poder comprobar su mayor rasgo diferenciador: la separación entre el cuerpo de la catedral y su torre. Un tornado se llevó por delante la parte central de la misma, dejando sendas partes separadas por la plaza en la que nos encontrábamos (si, es algo que ya conté en su momento, pero os aguantáis, que alguno habrá que no se haya enterado).

Por el centro de Utrecht

Domplein

Domplein

Catedral de Utrecht

Torre de la catedral de Utrecht

En torno a la Domplein, que era el núcleo central de Utrecht, se extendía el único canal de la ciudad: el Oudegracht. En torno a él se conformaba en gran medida la vida social de sus ciudadanos y sus márgenes se llenaban de comercios, bares y restaurantes que servían como excusa para reunirse en ellos.

Además, lo más peculiar de este canal era su acceso al nivel más bajo. Primero comenzaré recordando que uno de los usos principales que se le daba a los canales en las ciudades holandesas era el poder transportar mercancías (recordad el mercado de las flores en Amsterdam). Esto propició que en los canales existiera un nivel inferior en los que se establecieran plataformas para la descarga y poder tener así un acceso sencillo a los almacenes que se encontraban bajo las viviendas y por tanto a la misma altura que las plataformas. Muchos de estos almacenes se han recuperado como locales de ocio o restaurantes que incluso aprovechan las plataformas para establecer terrazas. Hay incluso algunas zonas de la ciudad en las que estos bajos fueron transformados en viviendas privadas.

Oudegracht

Comiendo a orillas del Oudegracht

Oudegracht

Oudegracht

También nos acabamos encontrando zonas más modernas, que combinan construcciones de un estilo arquitectónico muy vanguardista, mezclándose con los clásicos edificios de ladrillo y piedra. Es en torno a la plaza de Neuden donde nos dejamos sorprender por las clásicas y coloridas casas y edificios bajos de estilo holandés, con la omnipresente torre de fondo. Fue en esta misma plaza donde la estatua de una especie de conejo o liebre pensativa no dejaba de inquietarme desde que me la había encontrado en mi primera visita.

Finalmente pude averiguar qué representaba y quien era su “padre”, aunque supuso algo más de investigación de la que inicialmente esperaba. El thinker on a rock, que es el nombre que su creador le puso, era un claro homenaje al pensador de Rodín en una versión muy peculiar. Su padre, Barry Flanagan, también dejó en Washington D.C. una estatua similar que también tenía mucho que meditar.

Vredenburg

Neude

Thinker on a rock, de Barry Flanagan

Oudegracht

Centro de Utrecht

Bueno, el tren hacía Amsterdam salía en breve, y desde allí dejaríamos atrás Holanda hasta quien sabe cuando, por lo que… ¿que es lo último que podíamos hacer para ponerle un buen cierre? Un buen heladete sentados sobre el puente Maartensbrug, el más antiguo de la ciudad, al lado de una furgoneta rosa que llevaba en su interior una heladería, era el mejor plan que se nos ocurrió, y desde luego lo que más apetecía bajo este caluroso sol. Las aguas del canal pasaban por debajo nuestra mientras echábamos un último vistazo a las calles que nos rodeaban, antes de tomar el camino de vuelta a la estación.

Centro de Utrecht

Heladeria Ik smelt voor jou

Heladeria Ik smelt voor jou

Aparcamiento de la estación de trenes de Utrecht

Tomamos el tren a Amsterdam y media hora después estábamos ya embarcándonos en el tren hotel que, en un trayecto de unas 9 horas, nos llevaría hasta Berlín, nuestra siguiente parada. Ya cómodamente sentados en nuestro compartimento y con el tren en marcha, nos dispusimos a disfrutar de las últimas horas de paisaje antes de que cayera la noche. Ah, una parada! ¿Donde estamos ahora? Utrecht?? Ups, menudo fallo…

Con la torre de la catedral de Utrecht

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Fotos: Flickr

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