Un caluroso fin de semana en el lago de Sanabria (II de II)

Por si pudiera parecer poco la variedad de actividades a realizar en el entorno del Parque Natural de Sanabria y en las cercanías del lago, siempre hay alguna opción a la que dedicar el tiempo libre. Por medio de las carreteras que rodean el lago, se pueden alcanzar diversos pueblos desde los que acceder a las múltiples rutas de senderismo.

Montes de Galende

Montes de Galende

Montes de Galende

Montes de Galende

Alcanzar en coche Ribadelago Nuevo y Ribadelago Viejo y disfrutar del paso del río Tera mientras la enorme presencia de los montes y cañones de los alrededores te envuelven, o subir la serpenteante carretera hasta alcanzar una meseta a más de 1.700 metros de altitud, justo donde se unen varias de las rutas de la zona, pueden hacer que una mañana no sea suficiente para disfrutar de todo ello. De hecho, en la ruta hacia la laguna de los Peces, es imposible no detener el coche en cada uno de los miradores desde los que disfrutar de amplisimas vistas de algunos de los pueblos atrapados entre los valles, como Vigo de Sanabria o San Juan de la Cuesta. Incluso se puede contemplar el propio lago, un diminuto océano atrapado entre montañas que desde las alturas se puede apreciar en toda su extensión.

El pastoreo en la serranía es uno de los oficios tradicionales que todavía se conservan, aunque como era de esperar, cada vez en menor número, tanto de rebaños como de pastores. Alguna que otra cabaña o choza salpicaban el enorme mar de pasto verde recordando que todavía hay quien se gana la vida de esta manera.

Los rebaños de vacas y cabras pastando en las laderas o reunidas en los rústicos corrales construidos a base de piedras apiladas en medio de la nada, completaban la estampa y se acababan volviendo parte del paisaje a medida que deshacíamos el camino de regreso al lago.

Montes de Galende

Montes de Galende

Monasterio de San Martín de Castañeda

Monasterio de San Martín de Castañeda

El lago esconde una leyenda bastante popular en la zona que juega con el misticismo y la fantasía para dar una explicación al origen de estas aguas:

Un peregrino llegó solo a la aldea de Valverde de Lucerna, pidiendo limosna. Era la noche previa a San Juan, y nadie se apiadaba de él. En cada puerta a la que llamaba pidiendo refugio y comida, ante la tormenta que se le venía encima, era constantemente rechazado por los egoístas habitantes. Ya en las afueras del pueblo, se dirigió a un horno en lo alto de un monte cercano y allí pidió asilo a unas mujeres que estaban haciendo pan. Le dieron de comer y le permitieron cobijarse al calor de la sala. En ese momento, el peregrino, enfadado por la falta de caridad que le había mostrado la gente, pero agradecido a las mujeres, les advirtió de que no salieran de allí, ya que iba a castigar a las gentes de la aldea inundándolo todo.  Se dice entonces que en pocas horas las aguas surgieron de donde este hombre clavó su bastón, y cubrieron el pueblo anegándolo por completo, dejando únicamente a salvo la cima donde se ubicaba el horno, en lo que hoy es la pequeña isla que sobresale tímidamente del lago.

Lago de Sanabria

Lago de Sanabria

Playa de Custa Llago

Playa de Custa Llago

Playa de Viquiella desde el lago

Playa de Viquiella desde el lago

Lago de Sanabria

Lago de Sanabria

Ya que, cuando llegamos por primera vez al lago, nos llamaron la atención las muchas barcas de pedales que recorrían el centro del lago, decidimos que era el momento de alquilar una y lanzarnos a pedalear como locos. Queríamos ver todo el entorno del lago desde otra perspectiva, y acercarnos así a algunas zonas más inaccesibles por tierra como por ejemplo la isla de la leyenda.

Desde fuera, lo de pedalear tranquilamente por las calmadas aguas del lago parecía pan comido, pero como cambió el cuento cuando llevábamos un buen rato pedaleando e intentando controlar un timón torcido para, inútilmente, intentar mantener una trayectoria recta con la que no desperdiciar esfuerzos. Nos llevó un rato cogerle el punto, pero finalmente íbamos a donde queríamos y, aunque sudando la gota gorda entre el calor y el esfuerzo, nos dirigimos al centro del lago. Desde allí, podíamos ver la mayoría de las playas. Y digo la mayoría y no todas ya que, aun en el centro, había zonas del lago que escapaban a nuestra visión, dejando constancia de sus grandes dimensiones.

Lago de Sanabria

Lago de Sanabria

Lago de Sanabria

Lago de Sanabria

Lago de Sanabria

Lago de Sanabria

Playa de Viquiella

Playa de Viquiella

Playa de Viquiella

Playa de Viquiella

Playa de Viquiella

Playa de Viquiella

Lo más atractivo del paseo en barca era acercarnos a la otra orilla, que se situaba enfrente de las playas de Viquiella y Custa Llago. Una frondosa zona verde cubría todo aquel lado del lago, con lo que su llamativo color invitaba a acercarse y recorrer su orilla pausadamente. Muy cerca de allí, la pequeña isla de la leyenda, con cientos de piedras acumuladas sobre ella, llamaba la atención. Era la llamada Isla de las Moras, nombre que obviamente indicaba la abundancia de moras en los arbustos que adornaban su superficie.

La verdadera historia de la isla, al margen de la leyenda que os contaba antes, es bastante curiosa, ya que sobre el montón de piedras que es hoy, se levantaba hace muchos años, el conocido como palacete de los Condes de Benavente, la familia Pimentel.

No se sabe demasiado de este palacete, por lo que se especula que, o bien estuvo en la orilla y una parte de él se extendió sobre el lago alcanzando este pequeño islote, o el nivel del lago tiempo atrás era inferior y pudo albergar él solo dicho palacete. El caso es que lo que sí se sabe por diversos escritos de la época es que tuvo que ser grande y majestuoso, ya que además la nobleza lo usaba como refugio para sus días de cacería y muchos nobles de la zona eran invitados a ellas.

Isla de las Moras

Isla de las Moras

Isla de las Moras

Isla de las Moras

Lago de Sanabria

Lago de Sanabria

Lago de Sanabria

Lago de Sanabria

Lago de Sanabria

Lago de Sanabria

Dejábamos la barca en el puesto de alquiler de Custa Llago y llegaba el momento de rehidratarse en el chiringo de la playa, desde el que disfrutar de otra impresionante puesta de sol sobre el lago. En esta ocasión, cuando el sol ya había desaparecido y la luz empezaba a escasear, decidimos quedarnos en la playa de Viquiella para ver desde allí las estrellas. La poca contaminación luminica de la zona y el hecho de que la luna no iba a aparecer hasta bien entrada la noche nos dejó un cielo estrellado de los que nunca podremos apreciar en ciudad.

Así poníamos fin al que sería nuestro último día en Sanabria. La semana que viene os contaré un poco sobre las rutas de senderismo que hicimos, ya que merecen la pena. Feliz semana!

Cielo estrellado desde el lago de Sanabria

Cielo estrellado desde el lago de Sanabria

Cielo estrellado desde el lago de Sanabria

Cielo estrellado desde el lago de Sanabria

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Fotos: Flickr

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