Arnhem: De vuelta en mi ciudad favorita de Holanda

Si Amsterdam ya la había visitado en viajes anteriores, Arnhem no se quedaba atrás. Esta pequeña ciudad holandesa a orillas del Rin, de no más de 150.000 habitantes, era una vieja conocida y no desperdiciaba nunca la oportunidad de volver a ella.

Supongo que gran parte del atractivo de Arnhem, que me provocaba tan buenos recuerdos cada vez que pensaba en volver, estaba íntimamente relacionado con el hecho de que me aseguraba de llegar siempre en fin de semana y procuraba contar con el buen hacer de Ibán, que se encargaba siempre de garantizar buenas noches de fiesta en algunos de los mejores locales del centro así como jornadas de turismo que nunca tenían desperdicio.

Con este plan llegábamos finalmente a la estación central de Arnhem un viernes por la tarde. Inmediatamente después de reencontrarnos con Iban, rápidamente nos instalamos en su casa y tomamos un pequeño respiro antes de lo que acabaría siendo una prometedora noche.

Como suele pasar por Europa adelante, y a diferencia de lo que estamos acostumbrados, hay que contar siempre con que aquí se cenaba temprano y por tanto también se salía temprano. A medida que los amigos y compañeros de trabajo de Ibán empezaban a llegar, las conversaciones se distendían en un ingles lleno de acentos según quien lo fuera utilizando. Así fue como un peculiar y heterogéneo grupo de personas de diferentes nacionalidades acabamos recorriendo el centro de Arnhem para tomar algo en alguno de los locales de la zona.

La cerveza y música en directo se encargaron de animarnos en el Dollars Rockcafé, un local que estaba lleno hasta la bandera y en el que todos bailábamos y saltábamos ante el repertorio de versiones del grupo – la Franky Dollars Band – que teníamos ante nosotros. El broche de oro a este inesperado concierto lo puso un Born To Be Wild con la repentina aparición de una Harley Davidson en medio de la pista de baile. Al parecer era una práctica habitual de la gente del local el abrir la gran puerta principal lo suficiente para que la enorme moto hiciera su aparición y rugiera al ritmo de la canción. Con el local recogiendo nos fuimos para cama con un buen sabor de boca de una noche tan inesperada como satisfactoria.

Centro de Arnhem

Centro de Arnhem

Centro de Arnhem

Centro de Arnhem

Centro de Arnhem

Centro de Arnhem

Aunque al día siguiente no estábamos para madrugones, tuvimos oportunidad de recorrer algunos lugares del centro de la ciudad. El primero era el molino de viento que, escondido entre unas calles aunque visible sobre las casas de la zona y no muy lejos de la estación de tren, movía sus aspas lentamente al compás del viento.

A continuación nuestro recorrido urbano particular nos llevó hasta la Casa de la Cultura de Arnhem. Un edificio moderno, de reciente construcción y premiado como mejor edificio holandés de 2014, ofrecía en la última planta un gran balcón desde el que disfrutar de unas vistas de Arnhem. Edificios característicos como la alta torre de la iglesia de San Eusebio destacaban sobre el bajo perfil de casas de no más de dos o tres plantas.

Centro de Arnhem

Centro de Arnhem

Centro de Arnhem

Centro de Arnhem

Centro de Arnhem

Centro de Arnhem

Casa de la Cultura de Arnhem

Casa de la Cultura de Arnhem

En otras direcciones ya se podían avistar algunos edificios más altos, pero la tónica general era la de una ciudad extensa pero de poca altura. Lo más peculiar de las vistas era precisamente la estatua que nos había recibido a la entrada de la biblioteca. Un enorme y perezoso cerdo rojo tumbado panza arriba descansaba con su gorro de fiesta en la cabeza.

A su alrededor, lo que parecía ser una escuela de danza o simplemente un grupo de chicas aficionadas al baile ensayaban sus coreografías. Como si el carismático cerdo rojo fuera lo más normal del mundo! Esta original aunque algo inquietante estatua fue un regalo del Zoo de la ciudad para celebrar sus cien años de existencia.

El Lazy Pig donado por el Burguer's Zoo de Arnhem

El Lazy Pig donado por el Burguer’s Zoo de Arnhem

El Lazy Pig donado por el Burguer's Zoo de Arnhem

El Lazy Pig donado por el Burguer’s Zoo de Arnhem

El Lazy Pig donado por el Burguer's Zoo de Arnhem

El Lazy Pig donado por el Burguer’s Zoo de Arnhem

El Lazy Pig donado por el Burguer's Zoo de Arnhem

El Lazy Pig donado por el Burguer’s Zoo de Arnhem

El resto de la jornada se merecía dedicarlo a una de las más nobles artes conocidas: el terraceo. Algo que a lo mejor a algunos les puede sonar muy español, es en Arnhem mucho más frecuente de lo que alguno se podría esperar inicialmente. La Korenmarkt es la plaza del centro de la ciudad donde se concentran la mayoría de las terrazas de los bares de la zona. Aquí, cientos de personas se juntan para disfrutar de sus cervezas, cócteles y refrescos bajo el sol e incluso de algún partido por televisión en algunos de los locales más orientados a deportes.

Las horas se nos fueron pasando como si nada en una de las mesas de la Korenmarkt mientras apurábamos una cerveza tras otra. La luz se nos iba yendo y con ella nosotros nos retirábamos a casa para prepararnos para otra sesión nocturna de cervezas y música en el Dollars y quien sabe que otros locales más…

Centro de Arnhem

Centro de Arnhem

Centro de Arnhem

Centro de Arnhem

Plaza Korenmarkt

Plaza Korenmarkt

Plaza Korenmarkt

Plaza Korenmarkt

Plaza Korenmarkt

Plaza Korenmarkt

Plaza Korenmarkt

Plaza Korenmarkt

Centro de Arnhem

Centro de Arnhem

La próxima semana continuaré con más sobre Arnhem!!

Fotos: Flickr

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