Una mañana por el rastro de Madrid

El domingo en Madrid es día de Rastro. El conocido barrio de La Latina acoge a los cientos de vendedores que cada semana acuden a la cita semanal para improvisar un puesto de venta en el que exhibir algunas de sus reliquias. Todo se centraliza entre la Plaza Cascorro y la de Campillo del Mundo Nuevo, siendo la calle Ribera de Curtidores la columna vertebral de una red de calles que se van organizando temáticamente en función de lo que se vende. Por ello a medida que avanzábamos por sus calles, íbamos apreciando como los vendedores de arte se concentraban en la calle de San Cayetano, mientras que los puestos callejeros que ofrecían vinilos, casetes o películas antiguas se adueñaban de la Ronda de Toledo.

Rastro

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Son ya más de 400 años de un ritual comercial que dio comienzo en el siglo XVI a raíz del negocio de venta de pieles y piezas de carne al por mayor derivado de la presencia de mataderos en la zona. A partir de entonces, otros negocios derivados empezaron a proliferar, como la venta de calzado de piel o velas y cirios fabricados a partir del sebo de las reses.

El origen del nombre del mercado no podía ser más evidente aunque desagradable: las reses eran llevadas por esas calles a los mataderos, dejando atrás un “rastro” de sangre.

Con el paso del tiempo la venta de objetos usados e incluso robados empezaban a incorporarse, al igual que puestos de alimentación que ya nada tenían que ver con la carne o las pieles. A ellos se iban uniendo anticuarios, vendedores de arte, muebles o libros antiguos en una evolución imparable. Fue así como se alcanzó la enorme variedad que actualmente podemos disfrutar.

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Era realmente fácil dejarse la mañana entera recorriendo puestos y más puestos curioseando entre libros de todo tipo o simplemente viendo películas a precios irrisorios. Era inevitable también acabar en alguno de los puestos de música y acabar encontrando algún disco de éxito de años o incluso décadas atrás que harían avergonzarse a más de uno por lo mal que envejecieron algunos grupos. Y desde luego muchos eran los coleccionistas que se podían ver intentando encontrar alguna edición limitada de algún clásico del pop, rock o cualquier otro estilo.

El volumen de gente que se llega a congregar era enorme, y aunque ya es un mercado de sobra conocido por los circuitos turísticos, no se notaba demasiado la presencia de éstos, por lo que el ambiente era muy clásico, manteniendo bastante la esencia que durante siglos lo ha hecho evolucionar pero sin perderse por el camino.

Eso si, procura llevar bien segura la cartera ya que el riesgo de robo es alto debido a tanto al número de compradores como al hecho obvio de que para comprar algunos de los productos las cifras que se manejan pueden ser elevadas.

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El final de la ruta, en la Plaza de Campillo del Mundo Nuevo, era todo un despliegue de puestos de todo tipo, como si después de ir visitando zonas especializadas, llegaras a una especie de centro comercial de la segunda mano y las ofertas. Una plaza donde los puestos de videojuegos se entremezclaban con los de plantas, los de gadgets tecnológicos con reliquias, y el arte con la literatura o la prensa antigua.

Ah, y aquí es el lugar indicado donde comprar o intercambiar cromos de antiguas colecciones que tal vez tengas todavía sin finalizar desde tu infancia, así que tal vez debas echar un ojo en el desván antes de pasarte…

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Fotos: Flickr

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