Lluvia sobre la medieval Brujas

Un día gris me esperaba impaciente cuando me desperté en la casa de Javi, en el área europea de Bruselas. Mi viejo compañero de facultad se había ofrecido a hacerme un hueco en su casa durante los cinco días que iba a pasar recorriendo el país y después de varios años teníamos la oportunidad de ponernos un poco al día delante de alguna que otra cerveza. Pero primero había que ganársela así que él a trabajar y yo a enfrentarme a un amenazante cielo encapotado.

Me puse en marcha y me dispuse a coger el metro hasta la estación de trenes. Un café caliente se encargó de  quitarme la pereza de encima mientras tomaba el tren que me llevaba a Brujas, una de las ciudades más turísticas y pintorescas del país.

Todas las ciudades de interés en Bélgica estaban a poca distancia de su capital, lo que propiciaba que en una o dos horas de tren pudiera plantarme en cualquiera de ellas y Brujas no era la excepción. Eso si, si algo estaba claro era que hoy no iba a conseguir que ni una sola de las fotos luciera un animado y alegre colorido.

Calles del centro histórico

Calles del centro histórico

Calles del centro histórico

Calles del centro histórico

Canales

Canales

Cultura de la bicicleta

Cultura de la bicicleta

Consciente de ello, bajé del tren y en pocos pasos alcancé ya el centro histórico de la ciudad, cuya imagen inicial dejaba evidencias de porque estaba considerada una de las ciudades medievales mejor conservadas y reconocidas del mundo.

Una completa red de canales de agua la equiparan a otras ciudades europeas con esquema similar, como Amsterdam o la mismísima Venecia, salvando las distancias. Es esa la razón por la que se le otorga el sobrenombre de la Venecia del norte, aunque me vais a permitir que a estas alturas esté ya un cansado de comparaciones, ya que siempre hay una Venecia del norte, un París del sur o quien sabe que otras equivalencias…

Como ya tengo por tradición, lo primero que hice fue perderme un poco por algunas de las calles del centro y meterme por el primer callejón oscuro o algún pequeño patio, hasta llegar por rutas alternativas a algún lugar que acabe captando mi atención.

De hecho tuve bastante puntería al encontrarme de repente un enorme mercado en medio de una de las plazas de la ciudad. Era nada más y nada menos que la Plaza Mayor, en la que la Torre Belfort toma en ella una de las posiciones más privilegiadas, al ser fácilmente reconocible desde casi cualquier punto de la ciudad.

Calles del centro histórico

Calles del centro histórico

Carruaje por el centro

Carruaje por el centro

Mercado en la Plaza Mayor

Mercado en la Plaza Mayor

Torre Belfort

Torre Belfort

Torre Belfort y el canal

Torre Belfort y el canal

Aunque el centro ofrecía otros muchos lugares que permitían admirar el estilo medieval de la ciudad, a medida que me alejaba un poco de las rutas frecuentes, alcanzaba zonas más tranquilas como eran los muchos parques con fuentes en el centro o grandes macizos de flores decorándolas. Uno de esos lugares que ofrecía autentica tranquilidad era el Minnewaterpark, un enorme lago en medio del pequeño bosque que se esconde en el corazón de la ciudad.

Pero si algo había llamado mi atención al revisar el mapa de la ciudad, era la existencia de molinos en los límites del centro de la ciudad. Para ello era necesario caminar un buen trecho por zonas menos turísticas, lo que me permitió contemplar un poco de vida cotidiana con gente haciendo la compra o los niños saliendo del colegio, algo atípico después de tanto turista en carruajes o barcos recorriendo sus calles y canales.

La zona de los molinos era el lugar perfecto donde improvisar un picnic para comer, ya que además la lluvia había decidido darme una pequeña tregua, y no desperdicié la oportunidad de comer en la base de uno de ellos, mientras sus aspas se mantenían inmóviles sobre mi cabeza, sin estar completamente seguro de si iban a comenzar a moverse en cualquier momento…

El regreso al centro me llevó a entrar en una cervecería a la que le había echado el ojo en el camino de ida. Solamente estábamos los dueños y yo en el bar, de nombre Ratatouille, lo que propició alguna conversación que otra que acabó con varias cervezas entre pecho y espalda y un viaje de regreso a Bruselas más relajado de lo esperado.

Iglesia

Iglesia

Kon Astridpark

Kon Astridpark

Minnewaterpark

Minnewaterpark

Calles del centro histórico

Calles del centro histórico

Molinos en el Buiten Kruistvest

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Fotos: Flickr

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