Praga, el recuerdo de la clásica Bohemia (I de II)

La capital de la República Checa tiene muchas ventajas para muchos de los europeos que la visitan, sobre todo por razones económicas. El nivel de vida en este país es muy asequible, lo que conlleva que el alojamiento, comida y entradas a museos y espectáculos tengan un precio decente para un bolsillo poco profundo como el mío. Pero no solo las razones económicas me llevaron a visitarla, ya que su casco histórico esconde algunas sorpresas en forma de monumentos, y muchos de ellos tienen una historia propia que quería conocer.

Un vuelo nos llevó al pequeño grupo de tres viajeros primero a Frankfurt. Luego bastaría con coger un autobús y cubrir las 7 horas de viaje nocturno por carretera que separan las dos ciudades. No parecía una mala idea pasar la noche en un autobús y así ahorrar una noche de alojamiento mientras nos desplazábamos a la capital checa, pero que equivocado estaba. Varios días después de Frankfurt añadirle un incomodo viaje en bus remató mi espalda, que ya solo pedía auxilio suspirando por un colchón de verdad. Tendría que aguantar, porque no iba a dejar que ganara la partida y me estropeara la visita a Praga.

Calles de Praga

Calles de Praga

Casa municipal

Casa municipal

Staroměstské

Staroměstské

Una vez en el hostel, nos encontrábamos a tan solo diez minutos andando del centro. Aunque fue necesario sortear montículos de nieve y esquivar tranvías y coches a velocidad suicida finalmente alcanzamos la Staromestské námestí, la plaza principal de la ciudad viej, ao Staré Město, y centro neurálgico de todo tipo de actividades turísticas y de ocio. Las temperaturas propias de Febrero en Europa del Este propiciaban un clima frío, con nieve acumulándose en las cornisas de los tejados hasta que por su propio peso se desprendía sin avisar cayendo de manera estrepitosa y asegurándonos más de un susto.

La ciudad se nutre del ambiente invernal y se pueden encontrar por el centro puestos de carne asada, salchichas y vino caliente especiado mezclándose entre los mercadillos. La gente, completamente abrigada, caminaba rápidamente por las calles para poder llegar a su destino y eramos muchos los turistas que nos congregamos por todos los recovecos del centro.

Staroměstské

Staroměstské

Staroměstské

Staroměstské

Muchos de los puntos de interés de la ciudad se concentran aquí. El reclamo más destacado es el reloj astronómico, que reúne a cientos de personas cada hora para asistir al despliegue mecánico de campanadas y desfile de figuras que ofrece. Muchas historias y leyendas rodean la historia de este reloj medieval, aunque la más relatada es la que rodea al misterio de su creador, Hanuš, y de como fue cegado por los mandatarios de la época para que no pudiera hacer una copia de este reloj en ninguna otra ciudad. Una leyenda ésta, muy similar a muchas otras que rodean a diversos monumentos únicos del mundo, probablemente perdurando en la historia para aumentar así su aura de misterio.

En la plaza también se puede visitar la estatua a Jan Hus, filosofo checo predicador del protestantismo y precursor de Lutero, que murió en la hoguera por herejía. La estatua es fácilmente localizable, en el centro de la plaza, destacando por su tono color verde envejecido por el tiempo. También, sobresaliendo por encima de los edificios que rodean la plaza, se pueden admirar las torres de la Iglesia de Nuestra Señora del Týn.

A partir de aquí y a pocos metros, perdiéndose entre las calles de la ciudad vieja, podemos optar por acercarnos hasta la Nové Město y ver la Torre de la Pólvora, la casa danzante, el Teatro Nacional o la Casa municipal entre muchos otros.

Reloj astronómico

Reloj astronómico

Estatua de Jan Hus

Estatua de Jan Hus

Iglesia de Nuestra Señora del Týn

Iglesia de Nuestra Señora del Týn

Torre de la pólvora

Torre de la pólvora

Estatua del fantasma de la ópera

Estatua del fantasma de la ópera

Al cruzar el río Moldava y acceder a la otra parte de la ciudad, varias colinas y montes rodean la ciudad, entre las que destaca el Monte Petrin, ya que en su cima destaca la torre de su mismo nombre. y donde una vez más, Eiffel vuelve a estar presente, ya que su construcción fue de tan solo dos años más tarde que la Torre Eiffel. Al pie del monte se puede dedicar un minuto de reflexión al contemplar el monumento a las victimas del comunismo, que evoca a no muchos años atrás, cuando la influencia comunista de la antigua Unión soviética ahogó al pueblo praguense.

El museo de Kafka, no muy lejos, deja algunos momentos surrealistas, cuyo baluarte son las dos estatuas haciendo sus necesidades sobre un mapa de la República Checa. El conocido como muro de John Lennon, en el barrio de Malá strana, reclama su protagonismo como un grito de rebeldía de la ciudad. Como una muestra artística reivindicativa, en los años 80, este muro comenzó a llenarse de pintadas en pro de la paz y la libertad, inspirándose en la filosofía y espíritu de John Lennon y canalizar así la furia de lo que fueron los últimos años del régimen comunista.

Monumento a las Víctimas del Comunismo en el Monte Petrin

Monumento a las Víctimas del Comunismo en el Monte Petrin

Museo Kafka

Museo Kafka

Muro de John Lennon

Muro de John Lennon

Candados cerca del muro de John Lennon

Candados cerca del muro de John Lennon

Ya solo quedaba encontrar un buen lugar donde escapar del frío y descansar. Así fue como me adentré en un pequeño callejón entre edificios para llegar a un patio interior y meterme en un bar. No me digáis como acabé allí. bar, donde en mi caso poder disfrutar de un goulash mientras la República Checa y Rusia  se enfrentaban en un partido de hockey de las Olimpiadas de invierno en Vancouver. Al fin y al cabo el hockey es aquí el deporte nacional. Todo muy checo…

La semana que viene continuaré con más rincones que depara la capital checa. Nos leemos!

Fotos: Flickr

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