Y el Tío Pío tenía las mejores tetas de Madrid

La lista de lugares desde los que disfrutar de unas vistas impresionantes en Madrid es larga. Desde la azotea del Circulo de Bellas Artes a la torre del palacio Cibeles, pasando por la cafetería de El Corte Inglés en Callao o simplemente el templo de Debod, cuyo mirador orientado al oeste propicia alguna que otra puesta de sol impresionante.
Pero el lugar que escogí esta vez para poner fin a un día ajetreado, fue un rincón menos conocido pero no por ello menos espectacular.

La línea 1 del Metro me llevó hasta las puertas del estadio del Rayo Vallecano. En un vagón repleto de seguidores del club, descubrí que era día de partido en Vallecas y que yo acababa de llegar al estadio una hora antes del inicio del partido. Como no soy muy futbolero y mis intenciones en Vallecas eran otras, regatee como pude a las grandes masas de seguidores uniformados con camisetas y bufandas blanquirrojas y me alejé del estadio en busca de esas prometedoras tetas de las que tanto había leído en la red.

Una vez más comenzaba una carrera contrarreloj que me enfrentaba al Sol. Tenía tiempo suficiente para encontrar un buen sitio pero estaba en un lugar completamente desconocido para mi, por lo que tenía que confiar en mi poco fiable instinto para no perderme.

Cerro del Tío Pío

Cerro del Tío Pío

Cerro del Tío Pío

Cerro del Tío Pío

Tenía claro que buscaba un punto elevado, un conjunto de colinas desde las que las vistas prometían ser espectaculares, así que me dirigí a la primera colina que vi y comencé a subir por ella utilizando los senderos serpenteantes que llevaban a su cima. Una vez en lo alto, algo estaba mal. Mirara hacía donde mirara, había edificios tapando el horizonte y los pocos huecos que permitían ver algo más allá, solo mostraban kilómetros de espacio vacío. Me había equivocado.

Tiré de nuevo de mapa e intenté averiguar donde estaba y como de lejos estaba mi destino. Efectivamente, me había equivocado de parque, pero por suerte el lugar correcto estaba cerca, por lo que bajé de nuevo y me dirigí, esta vez si, al cerro del Tío Pío.

Vistas de Madrid desde el cerro del Tío Pío

Vistas de Madrid desde el cerro del Tío Pío

Vistas de Madrid desde el cerro del Tío Pío

Vistas de Madrid desde el cerro del Tío Pío

Esta vez si que estaba en el lugar correcto. Era evidente. El cerro del Tío Pío es conocido por el sobrenombre de las 7 tetas de Madrid, ¿La razón? Obvia. 7 colinas de forma redondeada se alzan una al lado de la otra cubiertas de un manto de césped verde. Entre ellas, unos senderos permiten pasear entre ellas, siendo un espacio de descanso en medio de uno de los barrios obreros más conocidos de Madrid. Por ello no me cruzaba más que con padres con niños correteando colina arriba, señoras paseando a perritos en miniatura o parejas cogidas de la mano.

Bajo estas siete colinas del cerro del Tío Pío, se encontraba toda una historia que se remontaba al Madrid de los 50-60.

En esta época, miles de personas de pueblos cercanos a la capital vinieron hasta aquí en busca de oportunidades de trabajo y una vida mejor. El sur de Madrid comenzó a concentrar barriadas obreras a raíz de la compra de terrenos donde los trabajadores construían sus casas y se establecían, formando comunidades de inmigrantes o gente con pocos recursos. Con la llegada de los años 80, todas estas familias fueron realojadas en nuevas viviendas, se demolieron las antiguas casas y el ayuntamiento decidió sepultar la escombrera resultante bajo tierra y crear este espacio verde en el medio de Vallecas.

Vale, y ahora ¿a que colina me subo? Empecé lógicamente por la primera y una vez en lo alto ya podía apreciar la perspectiva única que tanto se le otorga a este mirador. El barrio de Vallecas está en un plano más elevado que el centro de la ciudad de Madrid, por lo que si a ello se sumas la altura que estas colinas añaden, la visión elevada de todo Madrid era impresionante.

Vistas de Madrid desde el cerro del Tío Pío

Vistas de Madrid desde el cerro del Tío Pío

Admirando la puesta de sol

Admirando la puesta de sol

Desde allí también podía ver el resto de colinas, y en cada una de ellas ya se veía a gente contemplativa, probablemente a la espera de lo mismo que yo: la caída del sol. En ese momento me asaltó la duda de si esta era la colina que ofrecía las mejores vistas y comencé a pensar que el resto eran más altas o estaban mejor orientadas hacia la ciudad. Bueno, aun tenía tiempo y después de todo lo que mis piernas llevaban encima, podrían aguantar un poco más. Baje y me dirijí a la siguiente colina.

Efectivamente, se veía un poco mejor y ya podía ver otra colina más. Mmm, si todavía hay más colinas en esa dirección, mejor será la vista… Y así fue como, una a una, me recorrí todas las colinas hasta encontrar la que mejor perspectiva daba y allí me quedé. En ese momento, cuando ya empezaba a oscurecerse poco a poco el cielo, eramos al menos unas 10 personas mirando en la misma dirección, unos haciendo fotos, otros simplemente mirando al infinito.

Fotos con la puesta de sol

Fotos con la puesta de sol

Vistas de Madrid desde el cerro del Tío Pío

Vistas de Madrid desde el cerro del Tío Pío

Vistas de Madrid desde el cerro del Tío Pío

Vistas de Madrid desde el cerro del Tío Pío

El cielo iba tomando ese característico tono anaranjado que le ganaba terreno al azul del cielo y las luces de la ciudad iban poco a poco encendiéndose. Allí estábamos, encima de un enorme montón de tierra que cubría el recuerdo de un antiguo barrio madrileño, mientras a lo lejos podíamos ver perfectamente alzarse al Pirulí entre cientos de edificios o, prestando un poco más de atención, reconocer las Torres Kio, los edificios del Paseo de la Castellana o incluso el luminoso cartel de Schweppes de la Gran Vía.

Vistas de Madrid desde el cerro del Tío Pío

Vistas de Madrid desde el cerro del Tío Pío

Vistas de Madrid desde el cerro del Tío Pío

Vistas de Madrid desde el cerro del Tío Pío

El sol desaparecía ya y el frío comenzaba a hacerse bastante insoportable, así que la línea 1 volvía a ser la opción que me llevaría de nuevo al centro de Madrid, a conseguir un café caliente a toda costa y dar un último paseo por el centro. Así eché un último vistazo al dorado árbol de navidad de la Puerta del Sol y a la pista de hielo de la Plaza de Callao entre cientos de personas que empujaban y apretaban. El volumen de gente solía ser elevado pero un sábado a la noche rozaba lo agobiante. La vía de escape fue la Gran Vía así que dirigiéndome a Cibeles poco a poco la calle se hacía más transitable y el día llegó a su fin en Cibeles, ya que solo quedaba dedicar el domingo a descansar y volver a casa.

Puerta del Sol

Puerta del Sol

Plaza Callao

Plaza Callao

Edificio Metrópolis

Edificio Metrópolis

Gran Vía de noche

Gran Vía de noche

Manifestación por Cibeles y Gran Vía

Manifestación por Cibeles y Gran Vía

Fin de la trilogía navideña en Madrid. Si quieres ver como empezó, echale un vistazo a estos dos artículos:

Parte I: Fotowalk Olympus navideño por Madrid con Naturpixel

Parte II: Y otra vez Madrid por navidad

Flickr: Madrid 2013

También te interesará

alcala

Alcalá de Henares: Visitando a Cervantes

Por fin el calor comenzaba a hacerse notar en el ambiente después de una primavera de lo más alocada en […]

Leer más

Una mañana por el rastro de Madrid

El domingo en Madrid es día de Rastro. El conocido barrio de La Latina acoge a los cientos de vendedores que […]

Leer más

Y el Tío Pío tenía las mejores tetas de Madrid

La lista de lugares desde los que disfrutar de unas vistas impresionantes en Madrid es larga. Desde la azotea del […]

Leer más