Bonus track! Crónicas nocturnas en Japón

Esta vez me dejaré de historias sobre templos, monumentos y todas esas cosas con las que no hago más que llenar más y más artículos de viaje, con los que intento haceros creer que soy una persona respetable y culta. Ha llegado el momento de profundizar en las actividades nocturnas de un grupo de impresentables sueltos de noche por Tokio y Kioto. Os ahorraré los detalles sórdidos y escabrosos regados por el alcohol y la nocturnidad pero si os contaré que fue de nuestra vida nocturna nipona.

Alerta fotográfica!!: No me hago responsable de los problemas visuales o psicológicos que os puedan ocasionar las fotos con las que ilustro el articulo, ya que malamente las he podido adecentar. Ahora bien, como pequeñas perlas, relucen por si solas como un reflejo de lo que vivimos.

Aunque lo pudiera parecer, el día no se acababa cogiendo un metro y volviendo al hostel para descansar y levantarse al día siguiente frescos como verdes lechugas. La realidad era otra. Todo se resumía en llegar al hostel a las 7 o 8 de la tarde y desmayarnos en cama durante varias horas para recuperarnos y coger fuerzas para la noche. Las primeras noches comenzaron de manera inocente, visitando un salón recreativo que descubrimos cerca del hostel en Asakusa, donde jugar al Whac-A-Mole, pisotear a saltos una máquina de baile o derrapar al volante de algún simulador de coches. Pero poco a poco, a medida que nos íbamos familiarizando con el entorno, empezamos a escaparnos a algún bar cercano donde, rodeados de muchos otros mochileros, las cervezas iban y venían.

Whac-A-Mole

Whac-A-Mole

Dance Dance Revolution

Dance Dance Revolution

Simulador de carreras de caballos

Simulador de carreras de caballos

El verdadero plato fuerte esperaba las noches clave. Noches perfectamente escogidas para que nuestra agenda turística se adaptara como un guante a ellas, de manera que nos asegurábamos siempre que la mañana siguiente se dedicaría a viajes largos donde dormir unas horas, o directamente quedarnos a dormir en el hostel de turno.

En Tokio las opciones más populares podríamos dividirlas en dos estilos: el occidental, o básicamente ir de bares y discotecas, y el autóctono que resumiré como cenar en un izakaya con unas cervezas y luego ir a un karaoke a destrozar canciones.

Así la primera noche de auténtica marcha nocturna comenzó en el barrio de marcha occidental por excelencia: Roppongi. Una vez allí, preguntamos al primer grupo que pasó donde tomarse unas copas y acabamos descubriendo uno de los locales más conocidos de la zona en aquel momento donde tomarse la primera copa: el Heartland.

Como alguno pudo experimentar, la primera lección que posiblemente aprende un español que viaja al extranjero es que los cubatas como tales no existen, y que si pides un whisky con cola, te pondrán una copa de whisky, un refresco de cola, y una cuenta con más ceros de los que esperarías pagar nunca por ello. El resto del grupo, ya previniendo la jugada, cerveza en mano y a disfrutar del local.

Es frecuente que los muchos salary man que trabajan por la zona y que todavía salen de la oficina a horas intempestivas, se pasen por aquí, para pegarse unos bailes con el maletín a los pies y el traje todavía enfundado sin una arruga visible.

Bar Heartland, en Roppongi

Bar Heartland, en Roppongi

De aquí en adelante, la búsqueda de locales acabó en uno de los antros más peculiares que se puede encontrar uno. Aunque para llegar a él hubo que evitar a bastantes gorilas de dos metros cuadrados, que a lo largo de la calle ofrecían diversos servicios de dudosa legalidad como ética moral. Ahí lo dejo.

Fue así como acabamos metidos de cabeza en el Gas Panic, un antro que por si solo le da significado a esa palabra, pero también uno de los más populares de la ciudad entre los extranjeros. De hecho, buscando un poco por la red, me acabé encontrando este articulo que creo que complementa perfectamente lo que quiero decir… Ah!, y la página oficial no tiene desperdicio!

En cualquier caso, nada más cruzar la puerta, lo vimos. O más bien no vimos nada, ya que una neblina lo cubría todo, y la concentración de gente era tremenda, ya que cuando llegamos estaba acabando el concierto de un rapero japonés que decidió saludarnos amigablemente:

Gas Panic, en Roppongi

Bienvenidos a Gas Panic! (O eso parece decir…)

Gas Panic, en Roppongi

Gas Panic, en Roppongi

Gas Panic, en Roppongi

Gas Panic, en Roppongi

Y así pasó la noche, como es de esperar, entre tequila sunrise y cervezas Asahi, y por supuesto bailando hasta que llegó la hora de coger el primer metro de vuelta al hostel y retomar nuestra vida normal de guiris diurnos.

Dos noches más tarde, volvimos a Roppongi, y esta vez comenzamos en un bar de la zona, donde las gyozas y jarras de cerveza eran nuestra dieta básica. Una vez satisfechos, era el momento de buscar algún local al que ir, ¿Y sabéis donde acabamos? Si, Gas Panic.

En Kioto la cosa no fue muy distinta, aunque nuestra estancia era de menos días y por lo tanto allí todo se redujo a una expedición nocturna la última noche en la ciudad. De cabeza pues a una discoteca enorme de dos plantas a la que para entrar había que llamar a un ascensor escondido en el portal de un edificio. Una vez las puertas del ascensor se abrieron, un mostrador donde comprar la entrada y varios porteros te daban la bienvenida a la que podría perfectamente ser la discoteca más grande y más escondida al público de todo Kioto. El resto, la mecánica habitual. Visita a la barra, bailes en la pista y a interactuar con los locales, atreviéndose incluso alguno de nosotros a juntar más de tres palabras en japonés que, regado con alcohol, hasta sonaba creíble.

Gas Panic, en Roppongi

Gas Panic, en Roppongi

Una mala noche para algunos

Una mala noche para algunos

Y esto nos deja de nuevo en Tokio, a la última noche en la capital, y por tanto la última noche en Japón y el fin del viaje. En esta ocasión el destino era Shibuya, un entorno muy distinto donde sus calles principales ofrecen karaokes a cada esquina. Algunos locales incluso tienen sus salas privadas con ventanas al exterior, lo que supone que desde fuera pudiéramos ver alguna que otra escena inesperada.

Muchas canciones y otras tantas cervezas después nos devolvieron a las calles para acabar descubriendo que en Shibuya también había… si, otro Gas Panic! La verdad es que una vez allí, el local estaba prácticamente vacío y como a estas alturas no estábamos para muchos riesgos ni decisiones trascendentales, nos cogimos un taxi, nos entendimos con el taxista como pudimos y nos llevó a Roppongi una última vez más, a repetir el patrón que tan buen resultado nos había dado en las ocasiones anteriores. El resto, ya es historia.

Esta fue mi personal y subjetiva perspectiva de la noche japonesa. ¿Como ha sido la tuya?

¿Conoces éstos u otros lugares de Japón que te hayan dejado buenos recuerdos?

¿Has salido en alguna ciudad extranjera y tienes alguna historia interesante que compartir?

Si es así, coméntalo! ;)

Karaoke en shibuya

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Esperando al primer metro de la mañana

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