En kayak por el Rio Miño

Río Miño

Río Miño

El pronostico del tiempo no era todo lo bueno para la salida que teníamos planeada para recorrer parte de la desembocadura del Miño. De hecho, el chico responsable del alquiler del kayak me preguntó varias veces si estaba seguro de salir con la amenaza de lluvia. ¿Porque no? Solo vaticinaban unas gotas y a lo largo del día iría mejorando, así que era un riesgo asumible. Para una vez que teníamos la oportunidad de hacer la salida al fin, tampoco íbamos a dejar que nos lo estropeara un poco de agua, ¿no?

Río Miño

Lado portugués del Río Miño, a la altura de Tui

Río Miño

En kayak por el Río Miño

Garza en el Río Miño

Garza volando sobre el Río Miño

Así que el domingo por la mañana allí estábamos, en un arenal a la orilla del Miño, cerca de Tui, esperando a que nos trajeran la embarcación. Y si, el cielo estaba gris y llovía, pero nada que pudiera estropearnos el paseo.

– El que vaya delante marca el ritmo y el de atrás que lo imite para poder avanzar – Las instrucciones eran simples, aunque habría que ver que tal se nos daría luego en la práctica. Entramos en el río, nos mojamos un poco y comenzamos a remar río arriba para iniciar la ruta.

La desembocadura del Río Miño es un estuario de unos 38 kilómetros que se extiende río arriba iniciándose  donde desemboca en el Océano Atlántico, hasta donde se deja notar el efecto de las mareas. Toda esta zona esta considerada un paraje natural con una gran biodiversidad. Íbamos a poder disfrutar entonces de un montón de aves y peces a nuestro alrededor mientras nos internábamos en el medio y medio de su hábitat. ¡Esperemos no encontrarnos con ningún rebelde que le de por atacar a estos intrusos remando en su casa!

Cormorán en el Río Miño

Cormorán descansando en el medio del Río Miño

Garza en el Río Miño

Garza sobrevolando el Río Miño

Garza en el Río Miño

Garza sobrevolando el Río Miño

La zona del bajo Miño es ancha, con islas fluviales entre el lado español y el portugués, ya que el río es frontera natural entre los dos países. La otra orilla, en el lado portugués era perfectamente visible, aunque en las primeras horas de las mañanas de invierno, es frecuente que la niebla invada la zona y en ocasiones no se pueda ver mas allá del propio río. ¡Se acaba el mundo! pensaban los romanos cuando llegaron por primera vez aquí, con esa manía que tenían de pensar que al no ver nada más allá, les esperaba una caída libre al vacío.

El agua estaba como un plato y apenas se notaba corriente, pero pobres de nosotros cuando comenzamos a remar. La corriente era suave, pero constante y nos llevaba en dirección contraria a la nuestra, como toda corriente que se precie, aunque no íbamos a rendirnos solo por eso. Subimos cruzando entre las islas, rodeados de garzas volando a ras del agua que nos envolvían en su vuelo, aunque procuraban mantenerse a una distancia prudencial de nosotros. El silencio que había era solo interrumpido por el paso de algún tren a lo lejos, o de alguna lancha motora que pasaba por la zona, ya que el río es perfectamente navegable a esa altura.

Aunque están intentando respetar el ecosistema de este paraje natural, aún pudimos ver algún vertido de aguas de los que aún quedan en la zona. El plan de recuperación que está en marcha, con un proceso de depuración de las aguas, está ayudando al proceso de regeneración, por lo que los vertidos son cada vez menos frecuentes, pero aún es fácil encontrar alguno, como pudimos comprobar.

Garza en el Río Miño

Garza sobrevolando el Río Miño

Tui desde el Río Miño

Río Miño con Tui al fondo

El cielo fue abriendo a medida que avanzábamos y dejó de llover, pudiendo disfrutar finalmente de un día soleado. Parece que al final el tiempo sería mejor de lo esperado para chapotear un poco.

Una vez nos cansamos de subir, decidimos hacer el recorrido contrario, dejándonos llevar poco a poco por la corriente y persiguiendo a alguna que otra garza y algún cormorán que también tuvimos oportunidad de ver. Si, no había desaprovechado la oportunidad de cargar con la cámara gracias al recipiente estanco que venía en el kayak. No hubo ave que finalmente se dejara fotografiar todo lo cerca que me hubiera gustado, a pesar de lo mucho que lo intentamos, así que finalmente continuamos río abajo hasta llegar a Tui.

La vista valía la pena desde allí, donde se podía ver desde el puerto deportivo, como la ciudad sube por la colina culminando en la catedral que domina la cima. Finalmente dimos vuelta una vez más contra corriente para volver al arenal de partida y dar por finalizado el paseo. Una vez entregado el kayak solo faltaba cerrar el día con un café caliente y un paseo por Tui, antes de la vuelta a casa.

Embarcadero de Tui

Embarcadero en Tui

Tui

Estatua ecuestre en Tui

Estas y alguna foto más del paseo dominguero por el Miño, como siempre aqui.

Río Miño, Tui

Noviembre de 2012